viernes, 25 de octubre de 2013

Pifiao

Seguro no hay fórmulas ni recetas para vivir. Cada vida es particular e independiente. No deben haber métodos universales para enfrentar los días, pero seguro yo poseo mucho menos herramientas que la media para hacerlo. De un punto, de un detalle, puedo armar una tormenta, y cuando armo la tormenta, la quiero controlar, disminuir, minimizar, desaparecer, pero cada cosa que diga, cada gesto que pueda provocar, hará que todo se vuelva cada vez más nefasto.

No quiero decir que no me ha tocado fácil, porque creo que a nadie le ha sido simple vivir. No quiero justificarme con que nunca he tenido un hogar, que no tuve mamá ni papá. Que las familias (tíos y abuelos) a los que quise acercarme, también me terminaron pateando. Como si mi sola existencia estuviera pifiada, no deseada. Siempre intenté hacer todo bien. Lavé platos, me saqué las mejores notas que podía, obtuve todas las becas, recorrí los campos buscando vacas en pleno invierno de madrugada para no perderlas y así evitar un reto, un enojo. Me quedó el vértigo de saber que no pertenezco a nada. Me quedó la pifia de pensar que estoy molestando. Que si me van a dar algo tengo que dar yo algo más significativo primero.

Días atrás pensaba mientras caminaba a un negocio a comprar en la noche, que nunca he tenido un lugar que fuera mío. No conozco ese espacio incondicional que llaman hogar. Siempre dependí de donde iba cayendo. En cada vez que me rompieron el corazón desechándome, tuve que armarme y re-armarme y retecontra-armarme solo. 

Me inventé una vida. Me inventé metas, luchas, convicciones. No les voy a decir que hice lo que fuera para alcanzarlas, porque con un poco de esfuerzo pude sacar una carrera y ya voy por la segunda. Ser pobre ha sido una mierda, pero nada comparado a ser alguien que siempre está solo. Creo que celebré un cumpleaños por primera vez a los veinteytantos; en una pensión con unos amigos de la universidad. Cuando me cantaron el cumpleaños feliz me sentí tan miserable. No entendía que algo que es tan normal, tan simple para la mayoría, a mí me estuviera haciendo mierda. 

Me tratan de resentido, de amargo, de errático. Una ex-polola (de la que me enamoré terriblemente pero no pude seguir porque veíamos la vida de forma distinta) siempre me decía ello: si no te conociera, pensaría que me quieres hacer daño con lo que dices. Que quieres estropearlo todo. Pero cuando estás en calma y puedes explicar las cosas, entiendo a qué te querías referir y veía que en realidad no tienes ninguna habilidad de expresarte en un momento malo. Hago uso de la razón de una forma enfermiza. La razón es la única que me ha entregado respuestas para continuar. A los sentimientos no los entiendo. Cuando alguien está mal, puedo ver su tristeza, pero quedo inmóvil y no sé qué se hace. Me han tratado de insensible también por eso, pero quienes me conocen, saben que no es verdad. Cuando yo estoy mal, tampoco sé qué se hace. Me aislo brutalmente. Me quedo gravitando la existencia. En un pozo oscuro que me contiene... irónicamente.

Recuerdo haber pasado meses mal. Estuve por dos años seguidos tomando por meses enteros. Después de resolver (más o menos) mi duda existencial luego de quedarme sin dios, he andado mejor. Me voy a la mierda con mucho menos frecuencia. Yo lo considero un avance notable, pero, como me entero ahora, todavía no es suficiente. Debo seguir avanzando. Ni siquiera busco ser feliz, simplemente quiero dejar de pasarlo mal. Un poco de paz. Un poquitito. Las sobras del resto. Lo que sea.

Quiero intentar la vida. Consideré morir hace no tanto tiempo atrás, pero ya lo deseché. No puede ser que la única vida a la que fui arrojado tenga que ser siempre una mierda. Hoy todo está cuesta arriba. No me gusta esta ciudad. No la entiendo. Viví 28 años frente al mar y visitando la naturaleza. Estoy en un trabajo momentáneo que me da unas lucas pa sobrevivir. En la universidad no me entran los textos. Me estoy yendo a sentar y a firmar la lista de asistencia. Pero esto ya va a pasar y voy a estar donde encuentre un lugar cómodo. Me lo merezco. Como cada persona se lo merece. No puede ser de otra forma.

Estoy pifiao. Me cuesta la felicidad. Me cuesta la vida. Me cuesta mantener el orden. Lo analizo todo, y casi nada lo comparto. Pero lo voy a lograr. Un día lo voy a lograr y esta entrada triste, rota, pifiada, será reemplazada por una con un poquitito de paz. No pido nada más. Ninguna otra cosa pido.







miércoles, 16 de octubre de 2013

Binta: corto de educación en África

Binta y su padre, un humilde pescador que, preocupado por el progreso de la humanidad, está empeñado en llevar a cabo algo que se le ha ocurrido. 

Dirigido por Javier Fesser, y nominado en 2007 al Óscar por mejor cortometraje de ficción; muestra la necesidad de una educación para las niñas del Tercer mundo. 

Feliz día profesores

Feliz día a todxs mis coleguitas que son profesorxs en tanto esperan que otra pega mejor les salga para dejar las aulas. A esa hermosa suma de frustradxs que transmiten sus malas vibras personales en cada clase a sus estudiantes. A quienes sonríen frente a un curso y luego les tratan de flaites (a estudiantes y apoderados sin distinción). Feliz día a quienes justifican su trabajo de docente con una <vocación> que oculta la falta de puntaje para una carrera que no lograron alcanzar. A quienes viven comparando la educación cara de sus hijxs con el modo lento y torpe de aprender de quienes no cuentan con los beneficios de sus vidas afortunadas. Feliz día a esxs profesorxs que camuflan su vergüenza frente a su trabajo ante su vida real (la que no ocurre en las aulas) con una suerte de vocación de mártires en donde su objetivo pedagógico se transforma en mejorarle la vida a cabrxs que nunca supieron que nacer pobres y en la pobla era una pifia que debían arreglar. Feliz día a lxs más sinceros que recuerdan con orgullo las técnicas violentas con que fueron educados. A esos que rememoran con nostalgia sus propios aporreos detrás de un aula que los alineó y alienó. A quienes consideran una aberración juntarse con un estudiante fuera de la escuela porque su tiempo es tan valioso que no pueden derrocharlo. Feliz día especialmente a aquellos que pasaron por universidades a recoger un título que pareciera no haberles enseñando más que dictar contenidos sin entregar un sólo momento genuino personal dentro una sala.

Les deseo de todo corazón, y por el bien de sus estudiantes que tienen enfrente, que encuentren un trabajo mejor, o que el sueldo de sus parejas les alcance para retirarse de una buena vez.

A lxs otrxs profesorxs, a esxs que no esperan este día para ser celebrados, a quienes tratan con responsabilidad cada momento en que deben estar frente a un aula, a quienes entienden que las palabras dichas o no dichas determinarán en alguna forma la formación de lxs chicxs a lxs que asisten en su educación, a quienes no pueden ocultar el brillo en sus ojos por el orgullo (a pesar de la dificultad) de ser profesorxs, a todxs esxs, solamente gracias.