lunes, 27 de julio de 2015

Oye, no

Qué onda ese discursito de "antes sí que sí, no como ahora". Qué onda eso de "yo sí que lo hago bien, no como el resto". Qué onda creerse que se tiran los peos más arriba del culo. Yo no. Yo cago hediondo y justo donde me corresponde. Como todos. Aunque haya buena parte que no se entere todavía.

Digo: Papis, mamis, abuelis, tíis, e hijos, hijas y muchachada criada por ellos, NO. NO. NO. NO. NO. NO. Y NO.

Sabemos que los abuelos quisieron ser «gente bien» como los patrones. Que esperaron que sus hijos feos y pelos-chuzos fueran gente bien como los hijos del patrón donde -grandes personalidades- lograban todo lo propuesto. Sabemos que quisieron hacer lo posible con la cagá de plata que le rescataban a la pega de mierda que hacían (de la que están orgullosos de haber hecho, lo sabemos).

Pero también supimos que no les alcanzó si nacieron en la corvi. Si la primera pobla fue la toma que luego la hicieron calle con alcantarilla. Sabemos que mandar al politécnico al cabro (por allá por los ochenta) a estudiar conta tampoco hizo del crío la gran personalidad. Sabemos que, en casos contados, los críos yendo al instituto a obtener un técnico, tampoco hizo la diferencia. Que al final terminaron igual de cagados, o peor.

No se sabe bien todavía (en voláh sí y todavía no me leo el estudio que nos ilumine) por qué pasó todo esto. De dónde sacaron esas ideas de mierda de que existía la «gente bien» y la que no. Como si hubiera una suerte de bendición social que los patrones daban a ciertos peones pa subir de categoría mientras que el resto seguíamos siendo del perraje. ¿En Sábado Gigante lo vieron? ¿O lo vieron en los estelares del trece? ¿Lo leyeron en la revista Caras que la vieja les hacía comprar pa subirse las ínfulas? No lo sabemos. Éramos muy pendejos pa entender de dónde obtenían los insumos de mierda que terminaron instalando en ustedes las ideas de mierda que hoy siguen sosteniendo. Ideas de decencia católica, de costumbres que con cuea sostuvieron alguna vez otros escritos de mierda como los manuales de carreño que -irónicamente- habitaban desolados en sus bibliotecas (también de mierda) que conseguían poblar con el libro Ercilla que salía con el diario.

Papis, mamis, abuelis, tíis, NO. De nuevo, NO. No nos compramos esas huevadas porque muy raras. Yo prefiero la irreverencia al hueso (como le llaman ustedes) que manifestamos los que no nos acomodamos a ser el material de ridículo de la pobla. No nos interesó ser el más peinadito para el acto de mierda donde cantábamos el himno nacional. No nos tincó nunca el himno tampoco. Si crecimos escuchando cumbia, de dónde salieron esos ritos tan raros que proponía la República. No los entiendo.

Me acuerdo que una vez me pusiste en un colegio no municipal y después tuviste que cambiarme a uno de la pobla porque te separaste de la vieja y terminamos todos regados. Y en la escuela nueva (La Colina de Puerto Montt) me hueveaban porque andaba con paletó. Una semana me duró la hueá y me lo saqué. Porque así son tus costumbres: ridículas. Como tú creyendo que te tiras los peos más arriba del culo y no te enteras todavía que ni los cuicos y los grandes señores tampoco pueden. ¿Hasta cuándo?

Papis, mamis, abuelis, tíis, basta. Basta. En serio. Cabréense de eso. La Concerta fue la única que subió a ser como el patrón. Y la alegría no llegó y vos seguís siendo igual de roto que siempre. Y no lograste nunca comprar la cantidad de servicios que decía Carrerño había que poner en la mesa para ser más decentitos. Abúrrete de tanta tontera y sirve un mate, que me empiezo a enojar y te queda poco tiempo antes de que no estés más difareando.