martes, 28 de mayo de 2013

Si los tiburones fueran personas


«Si los tiburones fueran personas”, preguntó al señor K. la hijita de su arrendadora, “¿se portarían mejor con los pececitos?” “Por supuesto”, dijo él. “Si los tiburones fueran personas harían construir en el mar unas cajas enormes para lo pececillos, con toda clase de alimentos  en su interior, tanto vegetales como animales. Se encargaría de que las cajas tuvieran siempre  agua fresca y adoptarían  toda clase de medidas sanitarias. Si por ejemplo un pececillo se lastimara su aleta, le pondrían inmediatamente un vendaje de modo que el pececillo no se les muriera a los tiburones antes de tiempo. Para que los pececillos no se entristecieran, se celebrarían algunas veces grandes fiestas acuáticas, pues los peces alegres son mucho más sabrosos que los tristes. Por supuesto, en las grandes cajas habría también escuelas. Por ellas los pececillos aprenderían a nadar hacia las fauces de los tiburones. Necesitarían, por ejemplo, aprender geografía, de modo que pudiesen encontrar  a los grandes tiburones  que andan perezosamente tumbados en alguna parte. La asignatura principal sería, naturalmente,  la educación moral del pececillo. Se les enseñaría que para un pececillo lo más grande y lo más bello es entregarse con alegría, y que todos deberían creer en los tiburones, sobre todo cuando éstos les dijeran que iban a proveer un bello futuro. A los pececillos se les haría creer que este futuro sólo estaría garantizado cuando aprendiesen a ser   obedientes. Los pececillos deberían guardarse muy bien  de toda inclinación vil, materialista, egoísta y marxista; y cuando alguno de ellos manifestase  tales desviaciones, los otros deberían inmediatamente denunciar el hecho a los tiburones.
»…Si los tiburones fueran personas, también habría entre ellos un arte, claro está. Habría hermosos cuadros a todo color de las dentaduras del tiburón, y sus fauces serían representadas como lugares de recreo donde se podría jugar y dar volteretas. Los teatros del fondo del mar llevaría a escena obras que mostraran heroicos pececillos nadando entusiásticamente en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que a su son los pececillos se precipitarían fauces adentro, con la banda de música delante, llenos de ensueños y arrullados por los pensamientos más agradables. Tampoco faltaría religión. Ella enseñaría que la verdadera  vida del pececillo comienza verdaderamente en el vientre de los tiburones. Y si los tiburones fueran personas,  los pececillos dejarían de ser, como hasta ahora, iguales. Algunos obtendrían cargos y serían colocados encima de los otros. Se permitiría incluso que los mayores se comieran a los más pequeños. Eso sería delicioso para los tiburones, puesto que entonces tendría más a menudo bocados más grandes y apetitosos de engullir. Y los pececillos más importantes, los que tuvieran cargos, se cuidarían de ordenar a los demás. Y así habrían maestros, oficiales, ingenieros de construcción de cajas, etc. En pocas palabras, si los tiburones fueran personas, en el mar no habría más que cultura.»
Bertold Brecht, Kalendergeschichten.

martes, 14 de mayo de 2013

Oiga, profe.



Oiga, profe, yo de verdad querría estudiar pero cómo se lo explico. Es que ¿está viendo esta sala? Digo, entiendo que no se llueve, pero hace mucho frío. Profe, en mi casa igual hace frío, no estoy haciendo el del barrio alto ni nada, pero me he pasado casi media vida encerrado acá dentro y, sinceramente, sigue sin agradarme. Profe, ¿vio estas mesas y sillas? Son todas iguales, sin color, son duras, y claro, también están heladas. Además, profe, ¿vio el tamaño que tiene esta sala? Insisto que mi casa también es pequeña, pero en este lugar si me muevo mucho ya se nota y usted me dice que me tranquilice. Es complicado, profe, saber que entro a las ocho de la mañana todos los días acá y que tendré que estar inmóvil en este frío y feo lugar hasta las cuatro de la tarde. Profe, no se enoje, sólo estoy haciendo una observación.

¿Y su asignatura, profe? No se lo tome a mal, pero ya ni cuaderno traigo. Yo sé cómo moverme en mi pobla, entiendo mis códigos, tengo mis compas y mis yuntas. También sé quiénes no son amigos y me cuido de ellos. Nací en ese lugar, profe, y acá en la escuela nunca se habla de eso. ¿Por qué? ¿Mi barrio no existe en estos libros? ¿O en su materia? Siento casi como que venir al liceo es perder el tiempo. Los cabros que se salieron hace años trabajan en lo que sea y al menos tienen un poco pa pagarse las micros y alguna manito que salga. Además, vea usted, sin sentirse menospreciado, que a fin de año igual me van a pasar al otro curso. Yo estudiaría, de verdad, pero si entendiera. En esta asiento frío, en esta sala oscura, en este cuaderno viejo, su materia se ve tan extraña, tan aburrida, tan sin relación con mi vida. Yo sé que usted estudió para enseñarme, profe, pero quizá, y sin faltarle el respeto, quizá le enseñaron mal a usted también. Yo le veo la cara cuando llega a la sala. Tira en libro en la mesa, a veces nos saluda y otras no. Quizá encuentra fea esta sala tal como nosotros. Quizá tuvo un mal día. No lo juzgo. Pero acá no tenemos la culpa. Quizá ni usted ni nosotros tenemos la culpa.

Profe, voy a salir de cuarto medio. La vieja en la casa jode día a día con que lo termine. Dice que tengo que ser alguien en la vida. Yo quisiera creerle, pero veo a los que ya salieron antes con su cuarto medio y ahí tan, haciendo cualquier cosa. Es como si nos obligaran a estar doce años encerrados acá para que después, sin saber más que leer y algunas operaciones matemáticas básicas, nos entreguemos a lo que salga. Profe, con ese panorama, casi que quiero venir a pasar el rato no más. Igual salva el desayuno y el almuerzo. A veces es lo único que me echaré a la guata en el día. Igual se agradece. Además acá tan mis compas. Siempre sale alguna tontera que hacer, la idea es divertirnos al menos. Digo, tampoco la vamos a pasar amargados en este encierro. No se enoje, profe.Quizá nos mintieron a todos. A mí me gusta que usted siga poniéndole empeño en venir a enseñarnos. A veces nos agilamos y le echamos una talla fome a usted, pero no es nada personal. Me aburrí, profe. Usted no se aburra. O si quiere también hágalo. No tengo idea quién cambiará estas cosas. Ni siquiera me había puesto a pensar en eso.

Ahí nos vemos mañana. Duerma bien y no se angustie. Estas cosas son cosas que pasan no más. Que le vaya bien.

domingo, 12 de mayo de 2013

Allamand.


Cuando ve esta imagen, ¿en qué piensa? ¿qué se imagina? Digo, a mí se me revuelve la guata y comienzo a hilar. ¿En qué estaban Pinochet y Allamand? Se ven bien. El Dictador está de uniforme. Debe haber sido alguna ceremonia oficial. Ambos están sonriendo. Se nota cercanía. Allamand casi puede soltar una baba cuando lo mira. Ve en Pinochet a alguien que admira. Un mentor. Ni siquiera le mira a los ojos, simplemente sonríe embobecido por su General.

Pinochet llegó al poder por un Golpe de Estado. Sí, quiero tomar esta obviedad y caer en ella por un momento. Pinochet solo, los empresarios solos, Allamand y el séquito que le rodeaba solos, no habrían hecho nada. Sus armas, sus tanques, sus centros de tortura, su logística, cada soldado utilizado, no eran de ellos, eran de un país que los pagaba. Detengámonos ahora en los milicos rasos utilizados para cometer el asalto a la democracia. Ese milico raso, quedó bajo el cargo de una institucionalidad que Pinochet y los golpistas hicieron suya. Y digo, hicieron, porque no era suya. La democracia bajo la Unidad Popular no incluía Golpes de Estado. No incluía torturas. No incluía tomar lo que no le correspondía para desarmar y volver a armar un país. El Capital pudo más. Exterminaron a cada chileno y chilena que se opuso a la mentira. Re-formularon un país bajo el miedo, el individualismo, el exterminio, el falso éxito.

En esa foto, Allamand y Pinochet, se veían contentos. Era una cena pagada con el abuso a un país que mientras tanto era ametrallado. Pero no importa. La institucionalidad, el orden, la paz, la ley, la disciplina, la decencia, la moral, dios, la patria y todas esas categorías sociales eran de ellos ahora. Ellos podían hacer lo que querían, incluso establecer la nueva verdad: sí, esa de que el país moría de hambre y de caos, que los culpables eran los marxistas, que en realidad ellos buscaban que el país surgiera y no se estancara en revueltas sociales sin sentido. Siempre ocultando el fondo de las revueltas, claro. Siempre ocultando qué implicaba el marxismo, claro. Siempre suponiendo que la decencia era comer una cena de lujo vestidos con ropas caras y sabiendo manejar los servicios a la perfección, dios de por medio, por supuesto.

La Dictadura destruyó familias, poblaciones, amigxs, conciencia de clase y todo cuanto se le puso por delante. Fue tan efectiva que cuando se terminó, Chile se sintió aliviado con solamente poder caminar sin tener miedo a perderse en un auto de la policía de inteligencia. Muchos no quisieron más. Pero los dictadores, no sólo dijeron que nos devolverían la democracia (en palabras de Guzmán), sino que nos dejarían una Constitución perfecta para seguir desarrollándonos. Yo creo que no nos devolvieron nada. Creo que sólo cerraron los centros de tortura, creo que ya no era necesario seguir con el miedo. El nuevo Chile estaba listo para surgir post-Dictadura: un Chile Neoliberal donde no se habla del pasado y donde, incluso, los dictadores pueden también hoy postular a presidencias.

Yo no me olvido. Y no: no me voy a comprar el punto de que creen que somos hueonxs.











viernes, 10 de mayo de 2013

Hasta pronto.

Me voy. Sí, de tuiter me voy. No tomaré la actitud arribista de unxs cuántxs que dicen "no me tomo en serio tuiter" o "me tienen apestado con los cagüines" y luego lxs ves metido día a día en la red social. Pa mí tuiter no es una paja, o un espacio cualquiera. No tengo idea cuánto tiempo llevo, pero con quienes nos seguimos desde un comienzo hemos sabido vernos, conocernos, acompañarnos y, por lo menos de mi parte, abrirme tanto como quise y como pude.

Desde que me vine a Santiago las cosas cambiaron mucho en mi vida. Perdí la rutina cómoda que tenía en el Sur y me vi solo, en un lugar ajeno, estudiando algo que nunca había visto y acompañándome de gente cada día menos extraña. Retomé en esta nueva etapa un asunto existencial que había dejado sepultado hace unos años atrás y me vi perdido complemente. Estuve a pasos de comprar el pasaje al Salto Ángel y largarme para siempre, pero todo se puso mejor, mucho mejor. Respondí la duda existencial, abracé lo que soy y me gustó. Por eso sigo. Agradezco caleta las conversaciones de quienes estuvieron a mi lado. Cada experiencia, cada paja-mental en la que los metí. De verdad muchas gracias.

Ahora, ya con los pies en la tierra, quiero dar un siguiente paso: sanarme el alma, el espíritu, o la cosa que sea que me hace sentir. A nadie le ha tocado fácil y claramente a mí tampoco. Quiero enfrentarme a lo que viene con claridad, con todos mis sentidos en ello, con cada energía que un nuevo día me entregue. Quiero volver a sonreír porque sí. No depender de nadie, del cariño de nadie, de la atención de nadie. Han sido ya casi veintinueve años en que he cargado suficiente. Me harté del cansancio, de la puta B. Ya no me hace gracia. Necesito, quiero, debo y puedo avanzar. Es mi única certeza hoy.

Me salgo porque en tuiter me pierdo. Gasto mucho de mi tiempo leyéndolos y desahogándome. Posiblemente me sumerja un poquito más en la soledad y eso me duela, pero ninguna mierda es eterna. O no al menos para mí. Y, vamos, no significa que me muero: mi casa seguirá abierta, mi teléfono será el mismo y mis ganas de compartir también. Quiero dedicarme a la lectura, a caminar en vez de atraparme, a cervezas para conversar el día y no lo mal que supuestamente nos va en la vida.

Lxs dejo por un tiempo, no tengo idea cuánto, el suficiente no más. Que les vaya pulento. Dejaré la cuenta abierta hasta que ya no sea necesario.

Hasta pronto, mijitas, mijitos, amigos, amigas, hermanos, hermanas, tuiteros, tuiteras, gente.



sábado, 4 de mayo de 2013

¿De qué habla la gente?


-¿Por qué no estás en la escuela? Cada día te encuentro vagabundeando por ahí.
-¡Oh, no me echan en falta! -contestó ella-. creen que soy insociable. No me
adapto. Es muy extraño. En el fondo, soy muy sociable. Todo depende de lo se
entienda por ser sociable, ¿no? Para mí, representa hablar de cosas como éstas. -
Hizo sonar unas nueces que habían caído del árbol del patio-. 0 comentar lo
extraño que es el mundo. Estar con la gente es agradable. Pero no considero que
sea sociable reunir a un grupo de gente y, después, no dejar que hable. Una hora
de clase TV, una hora de baloncesto, de pelota base o de carreras, otra hora de
transcripción o de reproducción de imágenes, y más deportes. Pero ha de saber
que nunca hacemos preguntas, o por lo menos, la mayoría no las hace; no hacen
más que lanzarte las respuestas izas!, izas!, y nosotros sentados allí durante otras
cuatro horas de clase cinematográfica. Esto no tiene nada que ver con la
sociabilidad. Hay muchas chimeneas y mucha agua que mana por ellas, y todos
nos decimos es vino, cuando no lo es. Nos fatigan tanto que al terminar el día,
sólo somos capaces de acostarnos, ir a un Parque de Atracciones para empujar a
la gente, romper cristales en el Rompedor de Ventanas o triturar automóviles en el
Aplastacoches; con la gran bola de acero. Al salir en automóvil y recorrer las
calles, intentando comprobar cuán cerca de los faroles es posible detenerte,
o quien es el último que salta del vehículo antes de que se estrelle. Supongo que
soy todo lo que dicen de mí, desde luego. No tengo ningún amigo. Esto debe
demostrar que soy anormal. Pero todos aquellos a quienes conozco andan
gritando o bailando por ahí como locos, o golpeándose mutuamente. ¿Se ha dado
cuenta de cómo, en la actualidad, la gente se zahiere entre sí?
-Hablas como una vieja.
-A veces, lo soy. Temo a los jóvenes de mi edad. Se matan mutuamente.
¿Siempre ha sido así? Mi tío dice que no. Sólo en el último año, seis de mis
compañeros han muerto por disparo. Otros diez han muerto en accidente de
automóvil. Les temo, y ellos no me quieren por este motivo. Mi tío dice que su
abuelo recordaba cuando los niños no se mataban entre sí. Pero de eso hace
mucho, cuando todo era distinto. Mi tío dice que creían en la responsabilidad. Ha
de saber que yo soy responsable. Años atrás, cuando lo merecía, me azotaban. Y
hago a mano todas las compras de la casa, y también la limpieza. Pero por
encima de todo -prosiguió diciendo Clarisse-, me gusta observar a la gente. A
veces, me paso el día entero en el «Metro», y los contemplo y los escucho. Sólo
deseo saber qué son, qué desean y adónde van. A veces, incluso voy a los
parques de atracciones y monto en los coches cohetes cuando recorren los
arrabales de la ciudad a medianoche y la Policía no se mete con ellos con tal de
que estén asegurados. Con tal de que todos tengan un seguro de diez mil, todos
contentos. A veces, me deslizo a hurtadillas y escucho en el «Metro». 0 en las
cafeterías. Y, ¿sabe qué?
_¿Qué?
-La gente no habla de nada.
-¡Oh, de algo hablarán!
-No, de nada. Citan una serie de automóviles, de ropa o de piscinas, y dicen que
es estupendo. Pero todos dicen lo mismo y nadie tiene una idea original. los cafés,
la mayoría de las veces funcionan las máquinas de chistes, siempre los mismos, o
la pared musical encendida y todas las combinaciones coloreadas y bajan, pero
sólo se trata de colores y de dibujo abstracto. Y en los museos... ¿Ha estado en
ellos? Todo es abstracto. Es lo único que hay ahora. Mi tío dice antes era distinto.
Mucho tiempo atrás, los cuadros algunas veces, decían algo o incluso
representaban personas.
-Tu tío dice, tu tío dice... Tu tío debe de ser un hombre notable.
-Lo es. Sí que lo es. Bueno, he de marcharme. Adios, Mr. Montag.
-Adiós.
-Adiós...
 Farenheit 451, Ray Bradbury.

viernes, 3 de mayo de 2013

Linda.

Cuánto te entiendo ahora, flaca. Debe ser un año ya desde que nos separamos y ahora comienzo decantar definitivamente la decisión que tomamos de seguir caminos distintos. Te mentí. Muchas veces te mentí. No era nada grave, me decía. No era tan importante no decir la verdad porque en mi opinión no estaba haciendo nada malo cuando no te contaba las cosas. Qué pendejada, por cierto.

¿Cuál era mi miedo? Perderte. Sí, ninguno otro. Saber que eras la mujer más bacán que podría haber conocido (hasta ese entonces, no pierdo la fe de enamorarme así nuevamente) y que podía perderte por hacer las cosas que me gustaban. Decidí bien, pero por instinto. No tenía idea que hoy entendería mejor el asunto. Lo mejor de todo es que siempre supiste cuando andaba con cosas raras. Me llegabas a partir el cráneo cuando suponías cosas que yo negaba hasta la muerte inventando una y otra cuestión para no darte la razón. No entendía cómo ni por qué lograbas ver tan bien lo que yo quería omitir. Tapar el Sol con un dedo, le dicen. Cuánta verdad.

Llegué a planificar las mentiras hasta que exploté y decidí ser quien era sin tener que ocultar cosas a nadie. Entendí que lo que hacía efectivamente no era nada malo, pero que se volvía una mierda muy tóxica cuando me pedías que te la contara. Incluso llegué a enfermarme físicamente por lo mismo; es que si las cosas no salen bien desde lo que decimos, se van trancando en alguna parte del cuerpo y nos comenzamos a hacer daño sin darnos cuenta. Me terminaba odiando por no poder ser quién era y por no poder decirte la verdad. Una doble ración de mierda. Entendí que no querías explicaciones de mí, sino simplemente honestidad. De hecho esa fue tu frase preferida desde siempre: honestidad, ser uno.

Hoy te veo feliz con otra persona. Me alegra verte sonreír. Me alegra saber que no tendrás que canjear pequeños momentos de felicidad por un montón de tiempo en que no sabías en qué mierda andaba. Me alegra también por mí, porque ahora puedo ser quién soy sin tener que sentir que doy explicaciones, sino que simplemente cuento mi vida porque mi vida no tiene nada de malo. Las explicaciones traen algo rancio detrás. Casi siempre. Sino siempre.

Aprendí muy bien todo esto. Lo aprendí tan bien que siendo honesto ahora me siento libre y que en esa libertad voy a buscar la misma honestidad pero conmigo. Vale por la lección. No tengo idea si me la quisiste dar o simplemente la vida nos puso enfrente el tiempo necesario para dárnosla a ambos: a ti de no volver a tener a nadie así nuevamente y a mí de no ser así nunca más con nadie.

Te quiero, flaca. Ahora como un ex-compañero de vida. Eres el mejor ex-amor que he tenido, tanto así que no he tenido todavía ningún otro. (Pero, guarda, que ya lo tendré).

Un último beso, pero ahora con toda la paz que pueda imaginar.