Estaba en una hora "libre" en la sala de profes y la directora me
pide que tome un curso por una hora porque faltó la colega de lenguaje. Entro a
la sala y les pregunto:
¿Valemos todos lo mismo, chicxs? Sí, me
responden al unísono.
¿Y si yo fuera homosexual, sentirían la misma
confianza conmigo? Cambiaron todas las miradas. Hubo un quiebre en el
concepto de valor humano.
En realidad parece que no todos tenemos el mismo valor. Pareciera que la denominada
Sociedad nos entrega más valor a los unos que a los otros. Pareciera que
existen los ciudadanos de primera categoría y luego los de segunda, también lo
de tercera y, más terrible aún, los sin categoría alguna: los vomitados.
Ni hombres ni mujeres valen lo mismo. Un hombre que se desentiende de su
labor paternal no es condenado socialmente como si lo hiciera una mujer. El
concepto mismo de
madre-soltera, habla de ello. No existen los
padres-solteros,
solo las mujeres que se hacen cargo, porque si la mujer no se hace cargo, es
zorra, es puta, no tiene corazón. El hombre no: el hombre puede irse y no pasa
nada. Total, el dios de turno no le dio la
bendición de parir a sus
crías, sólo de engendrarlas. No es él responsable.
Mismo caso, les dije, si un chico tiene varias pololas (ni imaginar en
varios pololos; estaríamos en un caso de perversión máxima). El conquistador es
bien visto. Es un macho cazador. Un súper humano respecto a sus compañeros que
no conquistan por el motivo que sea. Ahora si cambiamos al protagonista y
colocamos a una chica; a una niña que tiene varios pololos: ¡es que esto no
puede ser! Será una puta, una suelta. Una mujer debe
darse a
respetar. Porque a las mujeres no se les respeta si ellas no evocan el
respeto. Si anda con minifalda, si se junta con ciertas juntas, si dice ciertas
cosas, entonces hay que hacerle lo que el hombre quiera. El hombre no es
responsable de sus actos, sino de los que la mujer le dio la responsabilidad de
hacerlo responsable. Machismo puro, asqueroso, repugnante.
Los homosexuales y lesbianas son casos aparte. Cuando hablé de ellos y ellas
vi caras de asco, gestos de repugnancia, de odio. Sí: en chicos de 14 y 15
años. ¿Cómo un chicx puede expresar aquello en una etapa en la que recién se
descubre el mundo? La respuesta es fácil: la casa y lo que en la casa se diga o
haga.
Pululamos a los 4 vientos que todos valemos lo mismo, pero nuestra Sociedad,
la que todos nosotros conformamos, no dice lo mismo. No valemos todos lo mismo,
porque como sentimos que valemos tan poco, queremos valer más (no igual) que
cualquiera que podamos tomar para aplastarlo, peyorizarlo, discriminarlo.
Si valiéramos todos y todas lo mismo, no habría necesidad de querer
sentirnos más que el que está al lado.
Si no valemos todxs lo mismo, comenzamos a coartar la expresión libre basada
en el respeto del que está al lado. Si valemos diferente, en cambio, nosotros
más que el objeto de discriminación, sentimos el derecho a apuntar.
Terrible todo esto, y en 45 minutos con chicos de un primero medio.