domingo, 8 de septiembre de 2013

Educación y existencia

Tengo un rollo con la educación. Con la forma en que se construye el currículum. Creo que existen aprendizajes que deben ser obligatorios para la propia comprensión y empoderamiento de un individuo, tanto de su humanidad, como de ella en el entorno en el que se desarrolla.

Creo que uno de los males más brutales de la actual educación es que evita que el ser, hombre o mujer, tome conciencia de lo que es. Un hombre o mujer que no sabe, desde la complejidad de su existencia consciente, el material y temporalidad de su existencia, no puede apropiarse de ella para construirse hacia donde quiera y pueda hacerlo.

Los dogmas que se le imponen al niño y la niña desde que nacen, tanto sociales como morales, impiden que éste se desarrolle plenamente como individuo, provocando su frustración y errancia. 

¿Qué deseo de éxito es aquel que sólo ha sido impuesto desde la doctrina de una ideología previa al arrojo de quién no ha pedido nacer? ¿Qué poder se atribuye aquel que priva la expansión libre de la conciencia de un semejante? 

La vida es existencial, pienso yo. Y que cada uno se tome eso como quiera. Pero que se lo tome. 

Violencia

Lo voy a decir simple y claro:

Violencia es privar de cualquier forma de libertad a un otro, sea éste semejante o no.

Hoy día y el rato

Plantearme la vida desde el absurdo ha traído a mis rutinas unos tonos exquisitos de goce y disfrute. Y es que haber comprendido que la intrascendencia me invita a tomar mi existencia como una manifestación de movimiento y pensamiento en el hoy, me tiene definitivamente despierto.

Puedo ahora ocuparme en mis observaciones del entorno con todas las energías de mi humanidad sin cuestionarme el rol o el sentido de mi vida en este arrojo al mundo. En esta tarea cotidiana he visto manifestaciones de hombres y mujeres, en lo individual y en lo colectivo, con la perspectiva de quién observa su contexto a través de un prisma fantástico; como quién mira una película en todas sus dimensiones posibles y se divierte en ellas de forma permanente.

En general, y sin querer caer en la pedantería, me provocan ternura las luchas, las emociones, los actos, las expectativas y todo cuánto nace del hombre visceral o pensante. Sobretodo en Chile con sus matices fascinantes. Chile no es un país simple, todo lo contrario, está lleno de contradicciones que obnubilarían a cualquier creativo del arte. El chileno y la chilena viven una vorágine de sociedad que delibera entre el Mercado, el exitismo nacional, la sobrevivencia mensual, la manifestación callejera y el circo televisivo-político. Toda una olla de condimentos que a ratos pareciera que explota, pero que en la mayoría del tiempo, cocina la carne, la conciencia y las buenas intenciones de quienes le quieren hacer ñeque.

Me gusta Chile; en el absurdo me gusta. Me entretiene. Un hombre absurdo se divierte en el espacio que habita, pero me en un país tan sabroso como Chile, se divierte dos veces.

Si a vivir en sinsentido, más el territorio chileno, le agregáramos descuartizar políticos, entonces no habría Best Seller que lo supere. Pero rara vez se tiene todo lo que se quiere.

Besitos.