Vivir en el presente de Chile hoy, y despertar a esta realidad, es sin duda, de todas las cuestiones relacionadas con nuestra existencia, la más extraña y brutal que podamos describir.
Si detuviéramos el país por una semana, e hipotéticamente nos mantuviéramos sin castigos laborales (en remuneración o afines), si cortáramos los medios de comunicación de todo tipo existentes, si paráramos cualquier forma de entretención, y solamente observáramos la forma en que se desarrolla la vida en sociedad, entonces caeríamos de espanto:
El sistema se ha formado de tal forma en que no hay puerta de salida, ni siquiera cuando te diste cuenta que estabas atrapado dentro de él (y cuando digo atrapado, implico que no se desea ser parte de él). Me explico:
- Educación: dos falencias de fondo:
1. la primera relacionada con la segregación producto del lucro. Quién no posee recursos para financiar una buena educación, reclama; PERO si éste mismo llegara a poseer los recursos para pagarlo, defiende tal modelo. Quién reclama no es consciente del problema de fondo, sino que solamente se molesta por su falta de acceso debido a sus recursos.
2. la segunda relacionada con el conocimiento que se planificó entregar. El pensamiento abstracto ha sido emancipado lenta y silenciosamente de las aulas de clases. El sistema se centra en el saber hacer, en la forma en que se realizan las cosas, en lo concreto; NO EN CAMBIO, en el porqué de los procesos, nunca en los fondos. Lo abstracto asesinado. Se le quitó valor al arte, se ve como innecesario el conocimiento de la historia (materia sustancialmente necesaria para la formación de identidad), etc, etc, etc.
- Empleo: tres falencias de fondo:
1. El trabajo odiado: muy pocos encuentran en su trabajo al primer incentivo en la importancia de su trabajo. Generalmente el primero incentivo es el dinero, y cuando no, las facilidades que el mismo empleo le da para desarrollar la vida, después del trabajo (horarios cómodos, cercanía, no se lleva pega para la casa). No siento que mi empleo sea un aporte para la sociedad. No produzco alimentos para el país, no educo a ciudadanos, no mejoro la salud de mis vecinos de país: simplemente desarrollo una labor por la que me pagan y que no me quita tiempo después que la termino.
2. El trabajo mal remunerado: de todos los puntos creo que es el más complejo. Un trabajo que es mal remunerado, entendiendo esto como un simple "no me alcanza con lo que gano para vivir dígnamente", tendrá al ciudadano descontento, haciendo mal la labor, sin deseo de encontrarle algún aspecto positivo a su labor. Simplemente fotocopiará papeles, barrerá pisos o preparará concreto deseando arrancar para llegar a casa y olvidar una nueva jornada horrible de trabajo.
3. El trabajo que me consume la vida: los empleos no solamente no satisfacen las expectativas formativas de los trabajadores, ni menos las de remuneración, sino que además le consumen completamente el tiempo. La típica etiqueta pegada en el vidrio de la micro diciendo: "trabaja para vivir, no vivas para trabajar" es de lleno una mala broma para cada ciudadano de Chile.
La conjugación de las tres variables negativas de un empleo se dan muy frecuentemente en nuestro país y eso provoca una sociedad disgustada, cansada, reprimida de deseos y anhelos, y por sobre todo, ultrajada de dignidad.
- Medios de comunicación manipulados:
1. Los medios de comunicación que des-informan: ni siquiera puede reclamarse estar frente a la TV o tras de un diario escuchando o leyendo, si en ellos encontráramos información fidedigna y socialmente comprometida. Todo lo contrario: la información es falseada, manipulada y contorsionada de acuerdo a los intereses de quienes manejan los medios de comunicación.
2. Los medios de comunicación que consumen el resto de tiempo que queda: a la mala información entregada, además sumamos programación y/o contenidos audiovisuales que no comunican asuntos socialmente contingentes. Todo lo contrario: la programación busca hacer escapar al ciudadano hacia mundos ficticios (telenovelas donde triunfa la mujer pisoteada por el patrón, telenovelas donde se es exitoso teniendo muchísimas mujeres y lujos, telenovelas donde se muestran escenas de violencia explícitas para satisfacer el morbo de quienes siempre desearon presenciar la escena de un crimen, etc.), y cuando no es tal, noticias deportivas que muestran a chilenos de poblaciones, como el 90% de Chile, triunfando bajo la ovación de estadios repletos de europeos, argentinos o brasileños. Todo un sueño realizado... por uno, en un millón.
La conjugación de estos tres puntos (educación, empleo y medios de comunicación), es a mi entender, el combustible del Chile que tenemos hoy en día: un Chile repleto de ciudadanos que no saben qué es ser ciudadano realmente. Un Chile repleto de ciudadanos ignorantes de identidad, de derechos y obligaciones cívicas, un país lleno de deseos de éxito espontáneo, sin herramientas reales para conseguirlo. Un país lleno de ciudadanos mirando boquiabiertos que caiga el pedazo de pan más grande del cielo con el que satisfacer los deseos de dignidad. Dignidad que posiblemente, entre tanta des-educación, empleo-odiado y des-información, no se haya detenido a pensar todavía.