domingo, 26 de febrero de 2012

¿Liceo o Colegio?


Hay que entender que el rendimiento de un estudiante y de un liceo o colegio lleno de ellos, se relaciona directamente con la cantidad de RECURSOS que EL ESTUDIANTE posee.

Considerando esto, un estudiante pobre dará posiblemente los mismos resultados en un liceo particular que en un liceo municipal, porque en la casa no posee los recursos familiares, académicos, sociales, culturales, ni económicos para enfrentar el formato de enseñanza que en cualquiera de los dos lugares se den.

Ahora bien, si el estudiante posee estos recursos, el asunto cambia, porque mejora la posibilidad de responder ante cierto tipo de enseñanza QUE SE BASE EN EL USO DE RECURSOS QUE UN POBRE NO POSEE: tiempo, cerebro concentrado sin las tripas sonando, acceso a comprar libros, padres apoyando el proceso, etc.

NO OBSTANTE, decir que un alumno rinde más en un particular per sé es una falacia PORQUE todos los que estudiamos en un liceo municipal cuando llegamos a la universidad y tuvimos que enfrentarnos al nivel universitario, debimos nivelar hacia arriba, haciendo uso obligado de los recursos que tuvimos: bibliotecas llenas de libros, tiempo exclusivo para estudiar, auto-apoyo basado en el comienzo de la madurez, etc.

Por lo tanto, considero que es absurdo pagar dinerales al tener el crío en un particular si lo que se busca es realmente educación. La educación como concepto se aleja brutalmente de una buena PSU, de hecho se aleja tanto que con un año en un preuniversitario respondiendo test y sometiéndote a un régimen de estudio puede mejorar de 340 puntos a sobre 700 (experiencia propia), aun siendo pobre.

Ahora, si lo que se desea al mandar al crío a estudiar a un colegio es PSU (sin tener que recurrir a un preuniversitario), o roce con "cierta clase social", pues está dando en el clavo. ¿Para qué? Ustedes sabrán sus respuestas.

Termino diciendo que si el chiquillo lo tiene en un colegio particular muy caro y además lo pone en un preuniversitario, o usted es un animal o el cabro le viene con retardos de aprendizaje.

domingo, 19 de febrero de 2012

Picante pesimista: ¿por qué no te vas a Cuba o Venezuela?

Sí: hoy le escribiré a toda esa tropa feliz y exitosa que está alegrísima de vivir en Chile. A todo ese montón de gente que no sufre ninguna de las atrocidades que voy a exponer a continuación, porque en su realidad, no pasan las cosas que nos pasan al resto de los chilenos. Anda a saber por qué. Aclararé que, para no ofender, diremos que los que vivimos en la burbuja de mierda, somos nosotros y que no queremos ser felices y exitosos como ellos de puro flojos, picantes y rotos que somos.

Veo casi nada de tele. Nunca tuve la costumbre porque desde pendejo preferí andar en el campo, corriendo tras algún cordero, o inventando algún juego fuera de la casa. Por lo que la mayoría de las veces me entero de lo que pasa en Chile por la cuenta de tuiter que tengo. No le creo ni a la tele, ni a los diarios masivos. Ya ni hay sutileza para vender sus porquerías exitistas o faranduleras. Me asquea. Pero en un almuerzo de hace un tiempo, tuve el noticiario en frente con la feliz noticia del Ministro de Haciendo de turno, Larraín, diciendo que tenían la buena nueva: después de muchas conversaciones, se incremente el mínimo a un total de 181.500 pesos. Lo que significaba un notable incremento del 4.7% respecto al valor del mismo mínimo, en el periodo pasado.

¿Qué tal? El mínimo ahora era de 180 lucas y pico.

Trabajo de profesor en un liceo y siempre me doy el espacio en la clase, mientras los chicos trabajan, de hacerle una suma en la pizarra:

"Chicos, ustedes saldrán de este liceo técnico, con un título que no le será reconocido en su remuneración. Los técnicos de liceos son operarios calificados. Rara vez le pagan más. De hecho, en acuicultura, que es donde yo me desempeño por mi título también, NO SE RECONOCE. Irán a ganar el mismo mínimo que un operario de línea que jamás estudio lo que ustedes hacen.

Esto significa que no ganarán más allá del mínimo. Y que en excepciones podrán alcanzar las 200 lucas y con mucha fortuna, las 250.

¿Les hago la suma de lo que alcanza con 200 lucas?

Maggie (una de mis alumnas), te quieres ir de la casa porque sientes que estás grande y tu pololo también. Pretenden ir a vivir juntos. No tienen aún para un subsidio, pero pueden arrendar. Ambos trabajarán. De operarios trabajarán, porque de part-time seguro que no les alcanza para nada. Esta es la suma que debes hacer:

- 100.000 El arriendo de una casa sin muebles.
- 50.000 Pasajes de ambos para ir a la pega.
- 100.000 Comida para ambos. NO cuestiones caras, ni de calidad. Lo justo.
- 30.000 Una cuota fija en una casa comercial pa sacar cosas pa la casa.
- 40.000 Un galón de gas, luz y agua.

Ya van 340 lucas. Les quedan 60 para gastos extras del mes. Remedios, celular, ropa y sería. Esto no les da derecho a comer sano, porque las frutas y verduras son caras para incluirlas siempre en la dieta. Tampoco para el ocio. El ocio no es considerado en la canasta familiar. Sólo está incluído sobrevivir.

- Profe, (me dice ella), ¿y si quiero tener un hijo?".

Ante esta realidad solo me queda decir: si por ganar 200 lucas más que el caso de Maggi, te crees afortunado: o eres un arribista de mierda o un indigno.

Por cierto: no me voy a Cuba, porque me parieron en Chile y Chile es, por lo tanto, el lugar donde quiero vivir dígnamente. ¿Qué acaso es mucho pedir?

jueves, 9 de febrero de 2012

Vivir en Chile, hoy

Vivir en el presente de Chile hoy, y despertar a esta realidad, es sin duda, de todas las cuestiones relacionadas con nuestra existencia, la más extraña y brutal que podamos describir.

Si detuviéramos el país por una semana, e hipotéticamente nos mantuviéramos sin castigos laborales (en remuneración o afines), si cortáramos los medios de comunicación de todo tipo existentes, si paráramos cualquier forma de entretención, y solamente observáramos la forma en que se desarrolla la vida en sociedad, entonces caeríamos de espanto:

El sistema se ha formado de tal forma en que no hay puerta de salida, ni siquiera cuando te diste cuenta que estabas atrapado dentro de él (y cuando digo atrapado, implico que no se desea ser parte de él). Me explico:

- Educación: dos falencias de fondo:

1. la primera relacionada con la segregación producto del lucro. Quién no posee recursos para financiar una buena educación, reclama; PERO si éste mismo llegara a poseer los recursos para pagarlo, defiende tal modelo. Quién reclama no es consciente del problema de fondo, sino que solamente se molesta por su falta de acceso debido a sus recursos.

2. la segunda relacionada con el conocimiento que se planificó entregar. El pensamiento abstracto ha sido emancipado lenta y silenciosamente de las aulas de clases. El sistema se centra en el saber hacer, en la forma en que se realizan las cosas, en lo concreto; NO EN CAMBIO, en el porqué de los procesos, nunca en los fondos. Lo abstracto asesinado. Se le quitó valor al arte, se ve como innecesario el conocimiento de la historia (materia sustancialmente necesaria para la formación de identidad), etc, etc, etc.

- Empleo: tres falencias de fondo:

1. El trabajo odiado: muy pocos encuentran en su trabajo al primer incentivo en la importancia de su trabajo. Generalmente el primero incentivo es el dinero, y cuando no, las facilidades que el mismo empleo le da para desarrollar la vida, después del trabajo (horarios cómodos, cercanía, no se lleva pega para la casa). No siento que mi empleo sea un aporte para la sociedad. No produzco alimentos para el país, no educo a ciudadanos, no mejoro la salud de mis vecinos de país: simplemente desarrollo una labor por la que me pagan y que no me quita tiempo después que la termino.

2. El trabajo mal remunerado: de todos los puntos creo que es el más complejo. Un trabajo que es mal remunerado, entendiendo esto como un simple "no me alcanza con lo que gano para vivir dígnamente", tendrá al ciudadano descontento, haciendo mal la labor, sin deseo de encontrarle algún aspecto positivo a su labor. Simplemente fotocopiará papeles, barrerá pisos o preparará concreto deseando arrancar para llegar a casa y olvidar una nueva jornada horrible de trabajo.

3. El trabajo que me consume la vida: los empleos no solamente no satisfacen las expectativas formativas de los trabajadores, ni menos las de remuneración, sino que además le consumen completamente el tiempo. La típica etiqueta pegada en el vidrio de la micro diciendo: "trabaja para vivir, no vivas para trabajar" es de lleno una mala broma para cada ciudadano de Chile.

La conjugación de las tres variables negativas de un empleo se dan muy frecuentemente en nuestro país y eso provoca una sociedad disgustada, cansada, reprimida de deseos y anhelos, y por sobre todo, ultrajada de dignidad.

- Medios de comunicación manipulados:

1. Los medios de comunicación que des-informan: ni siquiera puede reclamarse estar frente a la TV o tras de un diario escuchando o leyendo, si en ellos encontráramos información fidedigna y socialmente comprometida. Todo lo contrario: la información es falseada, manipulada y contorsionada de acuerdo a los intereses de quienes manejan los medios de comunicación.

2. Los medios de comunicación que consumen el resto de tiempo que queda: a la mala información entregada, además sumamos programación y/o contenidos audiovisuales que no comunican asuntos socialmente contingentes. Todo lo contrario: la programación busca hacer escapar al ciudadano hacia mundos ficticios (telenovelas donde triunfa la mujer pisoteada por el patrón, telenovelas donde se es exitoso teniendo muchísimas mujeres y lujos, telenovelas donde se muestran escenas de violencia explícitas para satisfacer el morbo de quienes siempre desearon presenciar la escena de un crimen, etc.), y cuando no es tal, noticias deportivas que muestran a chilenos de poblaciones, como el 90% de Chile, triunfando bajo la ovación de estadios repletos de europeos, argentinos o brasileños. Todo un sueño realizado... por uno, en un millón.

La conjugación de estos tres puntos (educación, empleo y medios de comunicación), es a mi entender, el combustible del Chile que tenemos hoy en día: un Chile repleto de ciudadanos que no saben qué es ser ciudadano realmente. Un Chile repleto de ciudadanos ignorantes de identidad, de derechos y obligaciones cívicas, un país lleno de deseos de éxito espontáneo, sin herramientas reales para conseguirlo. Un país lleno de ciudadanos mirando boquiabiertos que caiga el pedazo de pan más grande del cielo con el que satisfacer los deseos de dignidad. Dignidad que posiblemente, entre tanta des-educación, empleo-odiado y des-información, no se haya detenido a pensar todavía.

Critícame. No te calles.

La opinión no sólo se sustenta en la información, sino también en la exposición a la crítica, a sentirse equivocado y a mejorar lo que se creía sabido.

Digo que, silenciarnos por temor a la crítica y relacionar egoístamente el errar con la vergüenza, nos estanca en el lodo de la ignorancia, y nos priva del camino a la inclusión de lo que no conozco, o aun más: de quién no conozco.

Los opus dei y la vocación de servicio

Uno tiende a protestar contra sectores de la sociedad que promueven desigualdades como parte de su formación. Los opus dei, por ejemplo; que establecen en su doctrina que el hombre nace con diferentes roles en el mundo; y que uno de los roles es ser sirviente toda la vida, tomando ese rol, con gusto y con vocación de servicio al ser supremo, conocido por ellos como el dios judeocristiano.

Sin embargo, el asunto es más complejo todavía, pues apunta a interpretaciones teológicas que desde la Biblia (texto sagrado de los cristianos opus dei) se desprenden.

Es textual: "La conciencia es una ciencia práctica. La conciencia no crea la norma, la aplica. Los que no tienen fe pueden pensar que a lo mejor la norma proviene de cualquier autoridad, pero la autoridad máxima, en la tierra y en el cielo es el que está arriba (Dios). Porque nos guste o no nos guste, es el que lleva los hilos de nuestra vida. Por lo tanto la conciencia será más verdadera cuando se ajusta a la norma moral objetiva dada por dios".

Y como los intérpretes jamás serán los sirvientes por no tener acceso a la educación, entonces el educado es libre y señor de interpretar del texto sagrado lo que se le antoje, sobre todo si pone al otro a su servicio.

¿Maravilloso, no?

Los políticos de hoy son una mierda

No me lo puedo imaginar de otra forma: un conjunto de personas: unos recolectores y los otros cazadores. Ambos deseando lo que el otro tenía y ejerciendo el intercambio para satisfacer sus necesidades alimentarias. Aumentamos en número, y se hacía más complejo el intercambio. Se necesitaron políticas para ordenar los intercambios y de esa manera mantener conformes a ambas partes. De entre los recolectores y cazadores se escogieron representantes que dejaron de recolectar y cazar, respectivamente, para dedicarse solamente al intercambio. Ellos no debían sentirse culpables por no estar cazando o recolectando, porque ellos, los recolectores y cazadores, fueron elegidos para esa función, que al ser bien realizada, mejora la oportunidad de satisfacción de todos.

De ese modo teníamos ahora a los mismos recolectores y cazadores, trabajando y a sus representantes intercambiando los alimentos. Nada mejor podía estar pasando.

Al ver que sus representantes hacían bien las cosas, se propuso desde ambas partes elegirlos también para que generaran leyes de convivencia. Ellos actuaban con justicia, pues entendían muy bien que sus acciones determinaban la calidad de vida de quienes estaban en la melga, o tras del animal a cazar. Y que entre esas personas no sólo estaban sus padres, o hijos, sino que, y también, eventualmente, ellos mismos; pues su labor haciendo códigos de convivencia era acordada desde el mismo pueblo, al que ellos pertenecían (o como cazadores o como recolectores).

Pero un día el recolector tuvo hijos y fue lo mismo para el cazador. Y esos hijos se dieron cuenta que podían negociar el intercambio de otra manera y obtener ahora ganancias. Ya no se satisfacía sólo la necesidad, sino que además existía un bien acumulable. Siguieron avanzando, sin que los que trabajaban en la recolección o cacería pudieran notarlo. Paralelamente crearon leyes complejas que ya no eran tan fáciles de entender. El recolector y el cazador no imaginaron esto, porque no imaginaron que quién debía estar trabajando con ellos, y que fue elegido para no hacerlo, y sí en cambio, para manejar las políticas de todos, pudiera estar haciendo trampas con los bienes de todos.

El recolector/cazador que ahora hacía leyes, siguió con su ambición. Se adjudicó poderes para sí mismo. Ya ahora no podía ser destituido de su cargo. Además comenzó a utilizar los bienes de todos para su defensa. Contrató protección privada. Ya nadie podía estar tan cerca. Los recolectores/cazadores seguían trabajando. Ellos sólo pensaban en la buena idea que había sido escoger a sus representantes para que ellos sólo se dedicaran a recolectar y cazar.

Pero el legislador se volvió tirano. Aumentó las cuotas de recolección e intercambio. Disminuyó el tiempo libre para el pueblo, de ese modo, el pueblo no podría dedicarse a disfrutar de su dignidad, educándose, creciendo en familias, o simplemente descansando.

El tirano -ahora- sumó gente a su lado. Sus propias familias y amigos. Crecieron en poder. Hicieron más negocios. Ahora no sólo legislaban, también acumulaban más bienes con el trabajo del otro.

El tirano hoy tiene todo de su lado: hace las leyes. Las ejecuta. También es juez. Tiene los negocios. Controla el tiempo. No educa. No sacia el hambre. Golpea. Controla lo que debemos saber. Controla lo que debemos ver. Y también nos sonríe. Porque dentro de sus mismas leyes, está penalizado protestar contra alguien que sonríe. No, en cambio, morirse de indignación y de indignidad. Eso sí está permitido. Morirse de impotencia está permitido. Despertar a la realidad, no.

Los políticos de hoy son una mierda.

martes, 7 de febrero de 2012

El profe tiene la culpa

Parecen huevones. Repiten por años las basurita que escucha en su mesa, pero nunca se da un minuto para pensar qué tan cierto será la frasecita, ni menos para buscar información que confirme lo que se dijo, o que, en el peor de los casos, le descubra una nueva verdad.

"Los profes son malos hoy en día", "no se quieren someter a evaluación", "huevones flojos, tienen dos meses de vacaciones y más encima alegan", "yo tuve unos profes que no hacían nada", están entre el listado de fracesitas pa'l bronce que deben haber dicho, y que se sentaron como verdad, tal como millones de otras que existen para cada empleo. Pero, ¿y has hecho clases un año al menos? ¿Has planificado una clase? ¿Se te entiende lo que quieres exponer cuando no eres tú y tu puto espacio de feisbuk, recopiando las ideas de otros, o peor todavía, las caricaturas de otros?

Hacer clases hoy en día, es toda una vorágine. No soy profesor de formación. Soy ingeniero. La contraparte aceptada socialmente en el imaginario colectivo de docencia. Porque docencia se asocia con maternidad, con abrazo, con atención, con entrega. En cambio, el ingeniero es frío, calculador. Un puro machismo. Nada que ver con aulas de clases. Cuando queremos relacionar la docencia con alguien, seguro ya te saltó la idea de Gabriela Mistral. Poesía. Cosa más alejada de lo que yo pudiera llegar a hacer... como un frío ingeniero. ¿Pero saben? Están jodidamente equivocados. Ya les cuento...

Hacer clases es una vorágine, ya les decía. Y no sólo en los colegios municipales. En los particulares es lo mismo. En ambos casos se jode igual, los problemas son otros, pero son problemas al fin y al cabo.

En el municipal te van a pagar menos. Hay un dicho que dice "nadie se hace rico trabajado". Bueno, de profesor, menos todavía. En dictadura se les quitó todo a los profes. Se les bajaron los sueldos a la miseria. Los viejos profesores de hoy en día, que trabajan rengueando con 60 y tantos años, no se salen porque su jubilación los dejará en ruinas. Quieren aprovechar hasta sus últimos sueldos para mantenerse. Cotizaron tan poco, porque ganaron tan poco, que ya no les queda remedio. Hoy los sueldos no son tan vergonzosos, pero lo siguen siendo al fin y al cabo.

Y como todo lo regula el mercado, la ecuación es simple: "pagan poco, pocos quieren estudiarlo, se anota como última opción en las posibilidades para elegir al entrar a la U y tienes en docencia a los puntajes más bajos". Y no que un puntaje bajo sea un idiota, sólo que ese tipo llegó de rebote, con el invento de la vocación de excusa.

(Porque convengamos en que se le asocia la vocación a la pedagogía, y con suerte a los médicos. El resto de los trabajadores de un país no tenemos vocación. Sólo es un asunto de dinero. Já).

Primer punto en contra entonces: los contentos con su carrera, no son de entrada los profesores. Sí quizá de salida. Si me la venden. Y si me la compro.

Luego me mandan a la pega. He escuchado millones de veces entre mis colegas: "en la universidad no te enseñan a hacer clases. Te enseñan contenidos, pero no a hacer clases". ¿Y saben?: se nota. Los practicantes que te acompañan en algunas clases no saben. Aprenden. Como yo aprendí. Como todos los profesores. Pero no saben. Ni como pararse saben. Pura actitud. Pura sobrevivencia.

Ahora bien, la sobrevivencia sería más fácil si te dieran una cantidad de alumnos razonable por aula. Si te entregaran un tiempo justo (de justicia) para planificar esa clase y si además, el alumno deseara estar en esa clase. ¿Pero? Nada de eso sucede.

Vas a tener que entrar a una sala que no fue diseñada para 45 alumnos de básica ni de media. Sí. NO fue diseñada para eso. Fue hecha en cambio para 45 tipos maduros y tranquilos que no pasarían más de dos horas encerrados ahí. En cambio tenemos a 45 o niños o adolescentes que deben estar desde las 8 de la mañana hasta las 4 o 5 de la tarde. ¿Ya no suena tan bien hacer clases, no? Luego tienes que lidiar con el drama que gran parte de tus 45 acarrea. Las historias son incontables. Llegas a un punto en tu trabajo que, viendo a un cabro mal en clases, no le quieres preguntar que le pasa, porque sabes que te contará un drama que no quieres cargar (no lo quieres cargar por egoísmo, por impotencia de no poder nada, por salud mental, por lo que sea): en el listado encuentras fácil: problemas de alcohol de familiares, pobreza extrema, hambre, violaciones, embarazos no deseados, maltratos, drogas, etc. Sí: los mismos mocosos que ves a diario apretándote en la micro, son los que llegan a lidiar día a día con los dramas que no te informa la tele. Son dramas que están silenciados a propósito. Que nadie quiere detenerse a destapar. Mejor tenerlos ahí, acallados, detrás de las luces de colores que el sistema nos vende.

¿Cómo vamos hasta aquí entonces, con los profes flojos?: malos sueldos, preparación deficiente, salas sobrepobladas, tiempo para planificación totalmente deficiente y un auditorio de alumnos maltratados. ¿Ya no suena tan bien, verdad?

Agrégale a eso el puto sistema. Te presento a la educación en Chile. Pero de eso hablaremos en otra oportunidad.