jueves, 9 de febrero de 2012

Los políticos de hoy son una mierda

No me lo puedo imaginar de otra forma: un conjunto de personas: unos recolectores y los otros cazadores. Ambos deseando lo que el otro tenía y ejerciendo el intercambio para satisfacer sus necesidades alimentarias. Aumentamos en número, y se hacía más complejo el intercambio. Se necesitaron políticas para ordenar los intercambios y de esa manera mantener conformes a ambas partes. De entre los recolectores y cazadores se escogieron representantes que dejaron de recolectar y cazar, respectivamente, para dedicarse solamente al intercambio. Ellos no debían sentirse culpables por no estar cazando o recolectando, porque ellos, los recolectores y cazadores, fueron elegidos para esa función, que al ser bien realizada, mejora la oportunidad de satisfacción de todos.

De ese modo teníamos ahora a los mismos recolectores y cazadores, trabajando y a sus representantes intercambiando los alimentos. Nada mejor podía estar pasando.

Al ver que sus representantes hacían bien las cosas, se propuso desde ambas partes elegirlos también para que generaran leyes de convivencia. Ellos actuaban con justicia, pues entendían muy bien que sus acciones determinaban la calidad de vida de quienes estaban en la melga, o tras del animal a cazar. Y que entre esas personas no sólo estaban sus padres, o hijos, sino que, y también, eventualmente, ellos mismos; pues su labor haciendo códigos de convivencia era acordada desde el mismo pueblo, al que ellos pertenecían (o como cazadores o como recolectores).

Pero un día el recolector tuvo hijos y fue lo mismo para el cazador. Y esos hijos se dieron cuenta que podían negociar el intercambio de otra manera y obtener ahora ganancias. Ya no se satisfacía sólo la necesidad, sino que además existía un bien acumulable. Siguieron avanzando, sin que los que trabajaban en la recolección o cacería pudieran notarlo. Paralelamente crearon leyes complejas que ya no eran tan fáciles de entender. El recolector y el cazador no imaginaron esto, porque no imaginaron que quién debía estar trabajando con ellos, y que fue elegido para no hacerlo, y sí en cambio, para manejar las políticas de todos, pudiera estar haciendo trampas con los bienes de todos.

El recolector/cazador que ahora hacía leyes, siguió con su ambición. Se adjudicó poderes para sí mismo. Ya ahora no podía ser destituido de su cargo. Además comenzó a utilizar los bienes de todos para su defensa. Contrató protección privada. Ya nadie podía estar tan cerca. Los recolectores/cazadores seguían trabajando. Ellos sólo pensaban en la buena idea que había sido escoger a sus representantes para que ellos sólo se dedicaran a recolectar y cazar.

Pero el legislador se volvió tirano. Aumentó las cuotas de recolección e intercambio. Disminuyó el tiempo libre para el pueblo, de ese modo, el pueblo no podría dedicarse a disfrutar de su dignidad, educándose, creciendo en familias, o simplemente descansando.

El tirano -ahora- sumó gente a su lado. Sus propias familias y amigos. Crecieron en poder. Hicieron más negocios. Ahora no sólo legislaban, también acumulaban más bienes con el trabajo del otro.

El tirano hoy tiene todo de su lado: hace las leyes. Las ejecuta. También es juez. Tiene los negocios. Controla el tiempo. No educa. No sacia el hambre. Golpea. Controla lo que debemos saber. Controla lo que debemos ver. Y también nos sonríe. Porque dentro de sus mismas leyes, está penalizado protestar contra alguien que sonríe. No, en cambio, morirse de indignación y de indignidad. Eso sí está permitido. Morirse de impotencia está permitido. Despertar a la realidad, no.

Los políticos de hoy son una mierda.

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