Cuánto te entiendo ahora, flaca. Debe ser un año ya desde que nos separamos y ahora comienzo decantar definitivamente la decisión que tomamos de seguir caminos distintos. Te mentí. Muchas veces te mentí. No era nada grave, me decía. No era tan importante no decir la verdad porque en mi opinión no estaba haciendo nada malo cuando no te contaba las cosas. Qué pendejada, por cierto.
¿Cuál era mi miedo? Perderte. Sí, ninguno otro. Saber que eras la mujer más bacán que podría haber conocido (hasta ese entonces, no pierdo la fe de enamorarme así nuevamente) y que podía perderte por hacer las cosas que me gustaban. Decidí bien, pero por instinto. No tenía idea que hoy entendería mejor el asunto. Lo mejor de todo es que siempre supiste cuando andaba con cosas raras. Me llegabas a partir el cráneo cuando suponías cosas que yo negaba hasta la muerte inventando una y otra cuestión para no darte la razón. No entendía cómo ni por qué lograbas ver tan bien lo que yo quería omitir. Tapar el Sol con un dedo, le dicen. Cuánta verdad.
Llegué a planificar las mentiras hasta que exploté y decidí ser quien era sin tener que ocultar cosas a nadie. Entendí que lo que hacía efectivamente no era nada malo, pero que se volvía una mierda muy tóxica cuando me pedías que te la contara. Incluso llegué a enfermarme físicamente por lo mismo; es que si las cosas no salen bien desde lo que decimos, se van trancando en alguna parte del cuerpo y nos comenzamos a hacer daño sin darnos cuenta. Me terminaba odiando por no poder ser quién era y por no poder decirte la verdad. Una doble ración de mierda. Entendí que no querías explicaciones de mí, sino simplemente honestidad. De hecho esa fue tu frase preferida desde siempre: honestidad, ser uno.
Hoy te veo feliz con otra persona. Me alegra verte sonreír. Me alegra saber que no tendrás que canjear pequeños momentos de felicidad por un montón de tiempo en que no sabías en qué mierda andaba. Me alegra también por mí, porque ahora puedo ser quién soy sin tener que sentir que doy explicaciones, sino que simplemente cuento mi vida porque mi vida no tiene nada de malo. Las explicaciones traen algo rancio detrás. Casi siempre. Sino siempre.
Aprendí muy bien todo esto. Lo aprendí tan bien que siendo honesto ahora me siento libre y que en esa libertad voy a buscar la misma honestidad pero conmigo. Vale por la lección. No tengo idea si me la quisiste dar o simplemente la vida nos puso enfrente el tiempo necesario para dárnosla a ambos: a ti de no volver a tener a nadie así nuevamente y a mí de no ser así nunca más con nadie.
Te quiero, flaca. Ahora como un ex-compañero de vida. Eres el mejor ex-amor que he tenido, tanto así que no he tenido todavía ningún otro. (Pero, guarda, que ya lo tendré).
Un último beso, pero ahora con toda la paz que pueda imaginar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario