Entró a estudiar en un liceo que no le brindó oportunidades de nada. Era algo así como el vertedero de cabrxs de Puerto Montt (en voz de sus mismxs profesorxs y estudiantes). En tercero medio y ya viendo que le quedaba sólo un año de reclusión, quiso hacer algo con su vida. La Jani lo apoyó de todas las formas como pudo. Le consiguió una pega, le enseñó a hablar y a enfrentar la entrevista. Marcelo, como siempre fue avispa'o, quedó y se desempeñó de muy buena forma el trabajo. Salió de cuarto medio y trabajó un año más embarcado. Consiguió juntar plata, volvió donde la mamá, le compró cosas pa' la casa y en una aventura mayor se metió a estudiar. Pasó todos los ramos y le fue bien, pero como en este país la educación se paga, se le terminó la plata y ahora debe congelar. No hubo becas ni forma de conseguir un crédito. No tiene con qué.
A mí me dan paja estas cosas. Yo no las entiendo. No entiendo nada. No entiendo desde cómo un cabro termina preso durante toda su adolescencia por robarse un par de hueás sin tener ninguna posibilidad de conseguir algo distinto producto de su realidad. No entiendo tampoco de dónde sacó la convicción de hacer algo distinto con su vida. No entiendo menos cómo, después de enrolarse en un camino que le gustó y donde ya no hacía daño a nadie, tampoco tenga las oportunidades de hacerlo. Es como un cuento, un mal cuento, una mierda que no se entiende, o que de entenderse, no sonaría a real.
¿Qué tendrá que hacer
La historia de
No me parece justo que esta entrada tuviera que llegar a las manos precisas (con el contacto o las lucas) y conmoverlo para acceder a algo que en un país justo debiera ser un derecho, pero estamos en Chile y así estás las cosas.
Una soberana paja.
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