domingo, 4 de agosto de 2013

País OCDE

Voy en un bus desde Chonchi a Puerto Montt de Transportes Cruz del Sur. Una empresa que presta servicios de viajes en la Isla de Chiloé desde que tengo uso de razón. El bus viene desde Quellón, la última localidad de la Isla con una buena concentración de habitantes. Debió pasar a las 11.00 horas por el terminal de Chonchi y llegó media hora atrasado. Mi asiento es el número tres. Venía ocupado por una señora con una guagua en brazos. El resto de los asientos venían llenos también, además de la totalidad del pasillo con gente de pie.

Le tomé una fotografía a la situación y cuando pensé en hacer la denuncia me vino a la cabeza un montón de cosas. Qué consigo con denunciar. Primero, hubiera logrado, luego de reclamar y desgastarme el día, algo de compensación del pasaje. Sinceramente no es mi punto. Con mayor suerte que se pusiera más fiscalización y que el bus no se detuviera en el trayecto a recoger gente cuando viene lleno. Una multa a la empresa, podría haber finalizado el asunto como broche de oro. Pero…

Cruz del Sur es la única empresa que llega a Quellón. Digamos que es un monopolio que administran desde siempre los mismos. Si el bus no se detiene en la carretera, la gente que espera, generalmente bajo la lluvia, no tendría como llegar a los lugares de destino. Por hacer una denuncia a mi favor, me cago un montón de gente que no tiene la culpa de vivir en un lugar donde pudiera acceder a un pasaje con asiento. La solución a eso sería que la empresa largara buses vacíos a recorrido en horarios de mayor afluencia de gente. Pero eso no les conviene. No es un boleto seguro. Además, un bus que no parte lleno desde el inicio, es menos rentable que uno que sí lo hace. El Mercado se autorregula, como dicen los neoliberales, pero para mala fortuna nuestra, siempre a favor del Capital.

Podría ponerme a alegar contra el auxiliar, o contra la agencia. Los de la agencia han sido vecinos de mi abuela desde toda la vida en Chonchi. Qué le voy a decir. Qué me van a decir ellos, si sólo están haciendo cumplir las políticas que se toman en oficinas cerradas, arriba, donde los dueños mandan. El cumplimiento de las reglas es su pega. Si no las cumplen, pierden el trabajo.

Al final te quedas pensando: no seamos tan pesimistas; antes no habían carreteras ni tantos buses tampoco. Las cuestas eran de barro y en invierno había que bajarse (como cuentan nuestros abuelos) a empujar el bus para que pudiera subir. Menos había tanta frecuencia de recorridos como ahora. Media hora de retraso no es nada.

Lo que me molesta de todo esto es que los de arriba, los presidentes, los ministros, los capitales, nos la venden de desarrollo. Somos un país OCDE. Tenemos políticas de resguardo y regulación para todo. Vamos avanzando. Crecemos. Somos bacanes.

Bacanes qué, hueón. Los que nos peleamos por las políticas que bajan desde arriba somos siempre los mismos. Ahora los nietos de los mismos abuelos de antes. El de la plata no da la cara nunca. No. Él viaja. Lo pasa la raja. Ni siquiera sabe el nombre de sus trabajadores. No le interesa. A más aguerrido, a más depredador, a más frío y deshumano, mejor. El respeto por la dignidad del otro no importa. El Mercado se regula solo.


Y la guillotina, entre óxido y polvo, guiñando un ojo como que no quiere la cosa…

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