domingo, 17 de agosto de 2014
Hasta pronto
Nos conocimos hace más de un año y medio sacando fotos en Angelmó, pero fue hace más o menos un año que ella me invitó a su casa para unas cervezas y terminé no yéndome más. Claro, hasta ahora.
No puedo decir nada malo de ella. No puedo decir que me aburrí, que quería virarme qué rato, que no me gustaba, que no era feliz a su lado. Nada de eso. Creo que nunca había encontrado tanta ternura y comprensión en una mujer como pareja como con ella. La vida era simple. Desde despertar y hacer lo que hubiera que hacer, hasta dormirnos abrazados, ella a mí o yo a ella, como fuera. Pero todo se fue a la mierda. Y se fue a la mierda sin que, posiblemente ni ella ni yo, supiéramos detener la despedida.
Se había titulado después de que peleara un año y tanto por hacerlo. Lo logró. Se sacó un siete. Compartimos fotos de eso. Estábamos tan contentos. Nos fuimos a Chiloé porque siempre habíamos querido hacerlo y el viaje fue maravilloso. Nos sacamos fotos en cuanto arcoiris fuimos encontrando. Se hicieron amigas con mi abuela y aprendieron puntos con la lana, compartimos detrás de una estufa y todo era magníficamente feliz. Pero...
De tanta felicidad olvidó tomarse un par de pastillas y se descompensó químicamente. No tengo idea muy bien qué fue lo que pasó, porque nunca había estado tan cerca de alguien con pastillas para una depresión. Pero yo veía que siempre luchó, que enfrentó con tanto optimismo y fuerza como le iba alcanzando para estar bien. Por eso mismo, le bajé el perfil el primer día a lo que pasó. Debe ser algo químico nada más, le argumenté. Que estemos tranquilos y que todo iba a estar mejor. No le bajé el perfil porque haya pensado que era una estupidez, algo sin importancia, sino porque había visto todo el tiempo que llevaba ella intentando la vida, nosotros intentando compartir las vidas, que era tan injusto que todo se fuera por la borda y por algo tan ridículo. Digo: ¡se olvidó de tomarlas porque estaba demasiado feliz!
Desde allí todo se fue terminando. El primer día me dijo que mejor me fuera. Que no la estaba apoyando. Yo no entendía nada, pero preferí virarme. No la vi bien y parecía que mi sola presencia la molestaba. Ya estará mejor en unos días, pensé. Luego no nos vimos dos días y pasé a despedirme a su casa antes de volver a Santiago. Nos vimos y fue lindo. Estuvimos bien y no sabía que sería la última vez que la vería. Me contó que no le parecía tan buena idea que nos viniéramos a vivir juntxs a su vuelta a esta ciudad. Que prefería adaptarse un poco a vivir con las nuevas pastillas con su familia y la verdad, me pareció coherente. Como fuera que tenía que ser, estaría bien, en tanto ella también lo estuviera.
Se vino a Santiago para una hora al médico y estuvo cinco días. En cada uno de los días me contaba una excusa para no verme. Al tercer o cuarto día ya me desesperé. No entendía cómo alguien que estuvo tan bien conmigo hace menos de una semana, sacándonos fotos en una tarde perfecta de Chiloé, ahora no quisiera verme bajo ningún motivo. Le respondí cansado, aturdido. No sólo no estaba no entendiendo anda, sino que además, me había comenzado a cansar del nuevo escenario.
Finalmente me eliminó de todo. Me bloqueó. Como si yo fuera una suerte de enemigo o no sé. Se le metió en la cabeza que yo estaba tratando de hacerle daño. Me acusó de cosas que antes jamás me habría dicho. Eliminó a mis amigxs de su círculo, algunxs de sus amigxs ahora tienen malas opiniones de mí. Y yo, insisto, sigo sin entender nada.
Digo, si yo hubiera sido tan malo (como me ve ahora) no habríamos durado un año tan bien. No habríamos estado pensando en vivir juntos. No nos habríamos quedado juntos cada minutos que podíamos hacerlo cuando había tiempo. No habría ocurrido nada de lo lindo que fue vivir la vida con ella el tiempo que sucedió. Y, pucha, si yo hubiera visto que le hacía daño, me viro solo, poh. No espero que me pateen o que todo sucediera de esta forma tan extraña. (De hecho ni siquiera me patearon, me dejaron de hablar y de contestar todo de un minuto a otro. Me enteré que se terminó por amigxs que me contaron que ella lo había decidido así).
No quiero limpiar ni mi imagen ni mucho menos. No me gusta cuando se comienzan a contar historias para quedar de bueno y de cargarle la culpa al otro. No tengo idea bien qué pasó. Yo sigo pensando que fueron sus pastillas, la crisis que tuvo, y algún puñado de gente de mierda con la que conversó y que opinó desde su desaprobación. Al fin y al cabo, no soy el ejemplo de hueón que se queda callado cuando debe hacerlo para no incomodar egos ajenos. Pero bueno, así es la vida.
Oye, Ojalá estés bien. Yo no quiero contar ninguna historia triste de nosotros. Yo me quiero quedar con tu sonrisa. Con tus ojos hermosos cuando estábamos juntos. Con tus manitos haciéndome cariño en mi barba. Conmigo muriéndome de amor cuando las distancias se borraban.
Eres una mujer pulenta. Si yo no era la persona pa hacernos un mundo fantástico estando juntxs, será otra, pero me quedo con todo el mejor recuerdo de lo que logramos hacer. No te quiero dar consejos porque sé que no opinas nada bueno de mí ahora, pero cuidado con la gente que anda al rededor. Hay mucho hueón proyectando sus propias malas historias, sus propias malas decisiones, a las vidas de uno. Yo no creo que mi vida sea la mejor vivida, pero intento de hacer lo que puedo desde mis propias experiencias y motivaciones. Nada más que eso. Jamás querría hacerte daño y por lo mismo, quise contarte un poco lo que he estado viviendo.
Si la cagué en algo, perdona. Lo que haya sido. Todo esto va a pasar y ojalá podamos algún rato compartir la vida, desde el escenario que sea, con toda la paz del mundo que ambos buscamos siempre.
Hasta pronto, Lanita.
PD: No voy a aceptar que ningún culiao se venga a meter en mis relaciones porque las relaciones se hacen de a dos y si uno se sentara a escuchar las opiniones del resto, se quedaría encerrado en la casa por miedo a cagarla. En la vida uno va a cagarla. Y cuando crea que aprendió, volverá y la cagará otra vez. Así es la vida. Pero siempre, en medio de todas las cagadas, queda la oportunidad de volver a intentarlo. Esa hueá se llama amor y la gente que vive pegá tirando mierda a lo que no es suyo, no entiende todavía de qué se trata. Eso.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Sea lo que sea de ambos, que sea lo mejor para ambos. Te amo, hermano. Mucho amor y luz para ti, Lana.
ResponderEliminarGracias, hermana. Y gracias sobretodo, por nunca querer determinar lo que yo hago o no hago. Gracias por esa libertad para contarte lo que quiera sin que hagas ningún tipo de juicio.
EliminarTambién te amo, cariño.