Atrapar al delincuente y cobrarlo como trofeo tiene un rollo hermoso detrás. Una explicación que conforta el corazón de sus delatores. Un abrazo a lo esperado. Un fruto dulce y mágico. Mágico. Inexistente. O existente, pero volátil. Efímero.
Atrapar al delincuente es decir:
¡Vaya mierda! ¡Él es delincuente¡ ¡Y yo, una persona decente, que se educó como le dijeron, que hizo lo que le dijeron, que fue donde le dijeron, que se juntó con quién le dijeron y que esquivó lo que le dijeron!
¡CÓMO HA DE SER POSIBLE QUE ÉL, DELINCUENTE, ME LA GANE!
¡ME LA ROBE!
¡SE BURLE DE MÍ SIN IMPORTARLE MIS LOGROS!
¡JAMÁS SERÉ PERSONA-BIEN COMO EL PATRÓN!
¡PERO AL MENOS SOY MEJOR QUE ESTE DELINCUENTE PUTO DE MIERDA!
¡O ESO AL MENOS HOY, QUE LOGRÉ DELATARLE!
Muy lindo, tierno, hermoso, humano y miserable todo.
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