martes, 7 de febrero de 2012

El profe tiene la culpa

Parecen huevones. Repiten por años las basurita que escucha en su mesa, pero nunca se da un minuto para pensar qué tan cierto será la frasecita, ni menos para buscar información que confirme lo que se dijo, o que, en el peor de los casos, le descubra una nueva verdad.

"Los profes son malos hoy en día", "no se quieren someter a evaluación", "huevones flojos, tienen dos meses de vacaciones y más encima alegan", "yo tuve unos profes que no hacían nada", están entre el listado de fracesitas pa'l bronce que deben haber dicho, y que se sentaron como verdad, tal como millones de otras que existen para cada empleo. Pero, ¿y has hecho clases un año al menos? ¿Has planificado una clase? ¿Se te entiende lo que quieres exponer cuando no eres tú y tu puto espacio de feisbuk, recopiando las ideas de otros, o peor todavía, las caricaturas de otros?

Hacer clases hoy en día, es toda una vorágine. No soy profesor de formación. Soy ingeniero. La contraparte aceptada socialmente en el imaginario colectivo de docencia. Porque docencia se asocia con maternidad, con abrazo, con atención, con entrega. En cambio, el ingeniero es frío, calculador. Un puro machismo. Nada que ver con aulas de clases. Cuando queremos relacionar la docencia con alguien, seguro ya te saltó la idea de Gabriela Mistral. Poesía. Cosa más alejada de lo que yo pudiera llegar a hacer... como un frío ingeniero. ¿Pero saben? Están jodidamente equivocados. Ya les cuento...

Hacer clases es una vorágine, ya les decía. Y no sólo en los colegios municipales. En los particulares es lo mismo. En ambos casos se jode igual, los problemas son otros, pero son problemas al fin y al cabo.

En el municipal te van a pagar menos. Hay un dicho que dice "nadie se hace rico trabajado". Bueno, de profesor, menos todavía. En dictadura se les quitó todo a los profes. Se les bajaron los sueldos a la miseria. Los viejos profesores de hoy en día, que trabajan rengueando con 60 y tantos años, no se salen porque su jubilación los dejará en ruinas. Quieren aprovechar hasta sus últimos sueldos para mantenerse. Cotizaron tan poco, porque ganaron tan poco, que ya no les queda remedio. Hoy los sueldos no son tan vergonzosos, pero lo siguen siendo al fin y al cabo.

Y como todo lo regula el mercado, la ecuación es simple: "pagan poco, pocos quieren estudiarlo, se anota como última opción en las posibilidades para elegir al entrar a la U y tienes en docencia a los puntajes más bajos". Y no que un puntaje bajo sea un idiota, sólo que ese tipo llegó de rebote, con el invento de la vocación de excusa.

(Porque convengamos en que se le asocia la vocación a la pedagogía, y con suerte a los médicos. El resto de los trabajadores de un país no tenemos vocación. Sólo es un asunto de dinero. Já).

Primer punto en contra entonces: los contentos con su carrera, no son de entrada los profesores. Sí quizá de salida. Si me la venden. Y si me la compro.

Luego me mandan a la pega. He escuchado millones de veces entre mis colegas: "en la universidad no te enseñan a hacer clases. Te enseñan contenidos, pero no a hacer clases". ¿Y saben?: se nota. Los practicantes que te acompañan en algunas clases no saben. Aprenden. Como yo aprendí. Como todos los profesores. Pero no saben. Ni como pararse saben. Pura actitud. Pura sobrevivencia.

Ahora bien, la sobrevivencia sería más fácil si te dieran una cantidad de alumnos razonable por aula. Si te entregaran un tiempo justo (de justicia) para planificar esa clase y si además, el alumno deseara estar en esa clase. ¿Pero? Nada de eso sucede.

Vas a tener que entrar a una sala que no fue diseñada para 45 alumnos de básica ni de media. Sí. NO fue diseñada para eso. Fue hecha en cambio para 45 tipos maduros y tranquilos que no pasarían más de dos horas encerrados ahí. En cambio tenemos a 45 o niños o adolescentes que deben estar desde las 8 de la mañana hasta las 4 o 5 de la tarde. ¿Ya no suena tan bien hacer clases, no? Luego tienes que lidiar con el drama que gran parte de tus 45 acarrea. Las historias son incontables. Llegas a un punto en tu trabajo que, viendo a un cabro mal en clases, no le quieres preguntar que le pasa, porque sabes que te contará un drama que no quieres cargar (no lo quieres cargar por egoísmo, por impotencia de no poder nada, por salud mental, por lo que sea): en el listado encuentras fácil: problemas de alcohol de familiares, pobreza extrema, hambre, violaciones, embarazos no deseados, maltratos, drogas, etc. Sí: los mismos mocosos que ves a diario apretándote en la micro, son los que llegan a lidiar día a día con los dramas que no te informa la tele. Son dramas que están silenciados a propósito. Que nadie quiere detenerse a destapar. Mejor tenerlos ahí, acallados, detrás de las luces de colores que el sistema nos vende.

¿Cómo vamos hasta aquí entonces, con los profes flojos?: malos sueldos, preparación deficiente, salas sobrepobladas, tiempo para planificación totalmente deficiente y un auditorio de alumnos maltratados. ¿Ya no suena tan bien, verdad?

Agrégale a eso el puto sistema. Te presento a la educación en Chile. Pero de eso hablaremos en otra oportunidad.







1 comentario:

  1. pucha, cuánta verdaden lo que dices. No me atreví a estudiar pedagogía, con Pagaré vocacion de profesor y todo, por un asunto de edad y de empleabilidad... me tiré a mi vocación de ser pudiente, o sea, Medicina xD.
    Pero leo tu columna y me encantaría que la leyeran taaaaantos que gustan de hablr sin siquiera interesarles el problema educacional en Chile. Gente que se dice experta repitiendo la falacia del "mal profesor", sin atender a la influencia de los hogares y en general, a la composicion de toda una sociedad que no prioriza la educación o la convivencia familiar, solo la produccion y el menor costo económico, sin importar el costo social.

    Bueno, eos, vi tu tuiter y siempre sapeo los blog si tienen, un gusto el tuyo. saludos!

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