lunes, 15 de octubre de 2012

Propongo

Posiblemente estemos en esa parte de la historia donde vimos que el Capitalismo nos entregó sus juguetes con los que jugamos por un tiempo pero que vimos que nos des-humanizamos con ellos.

Queremos ahora saltar al siguiente paso donde recuperemos el valor que trae cada individuo, retomando su valor intrínseco igual y valorando su expresión diversa como el mayor tesoros que nuestra especie contiene. 



Emprender una lucha contra el tirano es ciertamente infructuosa. Sus artefactos de control superan en toda potencia a la de individuos que yacemos bajo su poder. No obstante, quiero proponer una nueva vía, diferente a la del alcance del tirano, en donde la educación que libere sea la máxima. 


Para comenzar esta brutal tarea, hace falta desarmar toda forma de educación hasta ahora entendida, sabiéndola como nefasta, en tanto nos alejó de nuestro valor humano y nos puso en una mesa donde somos meras piezas destinadas al consumo y al éxito impuesto desde el Mercado.

Hace falta, entonces, silenciar nuestras opiniones y observar el estado en el que nos encontramos ahora para recoger toda la información que nos contextualice como individuos. Re-aprender cada una de nuestras formas y buscar el fondo de cada una de ellas.

Re-aprenderlas, para explicarlas. Re-aprenderlas para abrazarlas si son justas o para desecharlas si no lo son. Desear una humanidad que no tenga más fondo que su propia sustancia, alejando de ella los pre-concebidos, sean los que sean, o vengan de donde vengan. 

Cito:


El hombre debe participar de estas épocas también creando, recreando y decidiendo. Y lo hará mejor, cada vez que integrándose al espíritu de ellas se apropie de sus temas fundamentales, reconozca sus tareas concretas. Una de las grandes —si no la mayor— tragedias del hombre moderno es que hoy, dominado por la fuerza de los mitos y dirigido por la publicidad organizada, ideológica o no, renuncia cada vez más, sin saberlo, a su capacidad de decidir. Está siendo expulsado de la órbita de las decisiones. El hombre simple no capta las tareas propias de su época, le son presentadas por una élite que las interpreta y se las entrega en forma de recela, de prescripción a ser seguida. Y cuando juzga que se salva siguiendo estas prescripciones, se ahoga en el anonimato, índice de la masificación, sin esperanza y sin fe, domesticado y acomodado: ya no es sujeto. Se rebaja a ser puro objeto. Se cosifica.
Paulo Freiré, Pedagogía de la Libertad

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