domingo, 12 de mayo de 2013
Allamand.
Cuando ve esta imagen, ¿en qué piensa? ¿qué se imagina? Digo, a mí se me revuelve la guata y comienzo a hilar. ¿En qué estaban Pinochet y Allamand? Se ven bien. El Dictador está de uniforme. Debe haber sido alguna ceremonia oficial. Ambos están sonriendo. Se nota cercanía. Allamand casi puede soltar una baba cuando lo mira. Ve en Pinochet a alguien que admira. Un mentor. Ni siquiera le mira a los ojos, simplemente sonríe embobecido por su General.
Pinochet llegó al poder por un Golpe de Estado. Sí, quiero tomar esta obviedad y caer en ella por un momento. Pinochet solo, los empresarios solos, Allamand y el séquito que le rodeaba solos, no habrían hecho nada. Sus armas, sus tanques, sus centros de tortura, su logística, cada soldado utilizado, no eran de ellos, eran de un país que los pagaba. Detengámonos ahora en los milicos rasos utilizados para cometer el asalto a la democracia. Ese milico raso, quedó bajo el cargo de una institucionalidad que Pinochet y los golpistas hicieron suya. Y digo, hicieron, porque no era suya. La democracia bajo la Unidad Popular no incluía Golpes de Estado. No incluía torturas. No incluía tomar lo que no le correspondía para desarmar y volver a armar un país. El Capital pudo más. Exterminaron a cada chileno y chilena que se opuso a la mentira. Re-formularon un país bajo el miedo, el individualismo, el exterminio, el falso éxito.
En esa foto, Allamand y Pinochet, se veían contentos. Era una cena pagada con el abuso a un país que mientras tanto era ametrallado. Pero no importa. La institucionalidad, el orden, la paz, la ley, la disciplina, la decencia, la moral, dios, la patria y todas esas categorías sociales eran de ellos ahora. Ellos podían hacer lo que querían, incluso establecer la nueva verdad: sí, esa de que el país moría de hambre y de caos, que los culpables eran los marxistas, que en realidad ellos buscaban que el país surgiera y no se estancara en revueltas sociales sin sentido. Siempre ocultando el fondo de las revueltas, claro. Siempre ocultando qué implicaba el marxismo, claro. Siempre suponiendo que la decencia era comer una cena de lujo vestidos con ropas caras y sabiendo manejar los servicios a la perfección, dios de por medio, por supuesto.
La Dictadura destruyó familias, poblaciones, amigxs, conciencia de clase y todo cuanto se le puso por delante. Fue tan efectiva que cuando se terminó, Chile se sintió aliviado con solamente poder caminar sin tener miedo a perderse en un auto de la policía de inteligencia. Muchos no quisieron más. Pero los dictadores, no sólo dijeron que nos devolverían la democracia (en palabras de Guzmán), sino que nos dejarían una Constitución perfecta para seguir desarrollándonos. Yo creo que no nos devolvieron nada. Creo que sólo cerraron los centros de tortura, creo que ya no era necesario seguir con el miedo. El nuevo Chile estaba listo para surgir post-Dictadura: un Chile Neoliberal donde no se habla del pasado y donde, incluso, los dictadores pueden también hoy postular a presidencias.
Yo no me olvido. Y no: no me voy a comprar el punto de que creen que somos hueonxs.
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No se olvidan los abusos, no se olvida el origen del sistema que como herencia nos tiene alienados... pero no es sólo memoria, es acción, lucha... hay que CONSTRUIR desde las bases, no desde el voto, por que ese voto es parte del mismo juego elaborado por ellos, los que dominan. Que sea el resentimiento que nos mueva, que sea el optimismo el que nos haga pensar en un futuro distinto, hecho por nosotros.
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