martes, 14 de mayo de 2013
Oiga, profe.
Oiga, profe, yo de verdad querría estudiar pero cómo se lo explico. Es que ¿está viendo esta sala? Digo, entiendo que no se llueve, pero hace mucho frío. Profe, en mi casa igual hace frío, no estoy haciendo el del barrio alto ni nada, pero me he pasado casi media vida encerrado acá dentro y, sinceramente, sigue sin agradarme. Profe, ¿vio estas mesas y sillas? Son todas iguales, sin color, son duras, y claro, también están heladas. Además, profe, ¿vio el tamaño que tiene esta sala? Insisto que mi casa también es pequeña, pero en este lugar si me muevo mucho ya se nota y usted me dice que me tranquilice. Es complicado, profe, saber que entro a las ocho de la mañana todos los días acá y que tendré que estar inmóvil en este frío y feo lugar hasta las cuatro de la tarde. Profe, no se enoje, sólo estoy haciendo una observación.
¿Y su asignatura, profe? No se lo tome a mal, pero ya ni cuaderno traigo. Yo sé cómo moverme en mi pobla, entiendo mis códigos, tengo mis compas y mis yuntas. También sé quiénes no son amigos y me cuido de ellos. Nací en ese lugar, profe, y acá en la escuela nunca se habla de eso. ¿Por qué? ¿Mi barrio no existe en estos libros? ¿O en su materia? Siento casi como que venir al liceo es perder el tiempo. Los cabros que se salieron hace años trabajan en lo que sea y al menos tienen un poco pa pagarse las micros y alguna manito que salga. Además, vea usted, sin sentirse menospreciado, que a fin de año igual me van a pasar al otro curso. Yo estudiaría, de verdad, pero si entendiera. En esta asiento frío, en esta sala oscura, en este cuaderno viejo, su materia se ve tan extraña, tan aburrida, tan sin relación con mi vida. Yo sé que usted estudió para enseñarme, profe, pero quizá, y sin faltarle el respeto, quizá le enseñaron mal a usted también. Yo le veo la cara cuando llega a la sala. Tira en libro en la mesa, a veces nos saluda y otras no. Quizá encuentra fea esta sala tal como nosotros. Quizá tuvo un mal día. No lo juzgo. Pero acá no tenemos la culpa. Quizá ni usted ni nosotros tenemos la culpa.
Profe, voy a salir de cuarto medio. La vieja en la casa jode día a día con que lo termine. Dice que tengo que ser alguien en la vida. Yo quisiera creerle, pero veo a los que ya salieron antes con su cuarto medio y ahí tan, haciendo cualquier cosa. Es como si nos obligaran a estar doce años encerrados acá para que después, sin saber más que leer y algunas operaciones matemáticas básicas, nos entreguemos a lo que salga. Profe, con ese panorama, casi que quiero venir a pasar el rato no más. Igual salva el desayuno y el almuerzo. A veces es lo único que me echaré a la guata en el día. Igual se agradece. Además acá tan mis compas. Siempre sale alguna tontera que hacer, la idea es divertirnos al menos. Digo, tampoco la vamos a pasar amargados en este encierro. No se enoje, profe.Quizá nos mintieron a todos. A mí me gusta que usted siga poniéndole empeño en venir a enseñarnos. A veces nos agilamos y le echamos una talla fome a usted, pero no es nada personal. Me aburrí, profe. Usted no se aburra. O si quiere también hágalo. No tengo idea quién cambiará estas cosas. Ni siquiera me había puesto a pensar en eso.
Ahí nos vemos mañana. Duerma bien y no se angustie. Estas cosas son cosas que pasan no más. Que le vaya bien.
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auch! así no más es la cosa...buena compa ;)
ResponderEliminarOiga, profe,la verdad es que nos mintieron a todos y para empezar de nuevo tenemos que acabar con todo.
ResponderEliminarmuchas gracias.
ResponderEliminarpura verdad
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