Querido profesor/profesora de Matemáticas:
Tu estudiante de matemáticas es un ser social. Tiene un
contexto, su lengua y sus costumbres, sus experiencias. No desprecies nunca lo
que ya sabe y en la forma en que lo sabe. Aprovecha el bagaje y tira de él.
Hacia adelante, nunca hacia arriba. Él no ha vivido nunca en un espacio afín ni
ha jugado con los números primos. ¡Pero no sabes la cantidad de cosas que ha
medido o ha contado! No hagas nunca viajes en globo ni uses paracaídas. Sube
escalones. Desprecia el ascensor.
Tu estudiante de matemáticas es un ser alegre. Normalmente
está viviendo los mejores años de su vida. Comparte contigo muchas horas de su
juventud. Está ansioso por hacer cosas y conocer nuevos horizontes. Le encanta
reírse y aventurarse. Aprovecha los chistes y las historias. Imprégnale del
humanismo matemático. Háblale de tus colegas. Euler fue tu bisabuelo y Chauchy
toma café contigo. Ramanujan era vegetariano y Nobel no nos dejó un premio por
problemas de faldas. Usa videos en clase y llena la pared de murales. Haz
exposiciones. Piensa que en educación las sonrisas son a menudo una forma
espontánea de decir gracias.
Tu estudiante de matemáticas es un ser con sentidos. En
efecto, a parte del tacto para escribir es una persona que huele perfumes,
degusta hamburguesas, mira cosas y oye música,…. No intentes llevar adelante
una matemática al margen de los sentidos. Procura que toquen poliedros, que
midan ríos y catedrales, que clasifiquen colores y texturas, que aprecien la
belleza de un cubo color rosa, o que escuchen las poesías indias de
matemáticas. Monta laboratorios y haz excursiones por la ciudad y el campo,
descubriendo formas y cantidades. Pon en juego lo directo y lo indirecto.
Cuando vuelvas del safari quizás la matriz 2x2 sea el recodo del camino y el
seno una sombra, el círculo una ventana y el poliedro una tienda de acampar. No
te sepa mal que la matemática tenga color de atardecer y sudor de escalada. ¿No
has experimentado nunca que un producto escalar puede tener gusto a escabeche?
La felicidad de tus estudiantes vale más que todos los programas
acabados, que todas las palmaditas en la espalda que puedan dar inspectores,
superiores y padres. Llegas hasta donde puedas. No intentes jugar con el
tiempo. Supera el frío del sistema. Si la felicidad llega a tu clase el sistema
queda desconcertado. Aprovéchate de ello.
Encontrado en "Una matemática feliz". Me gustó.
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