jueves, 12 de diciembre de 2013
Sur
Sí, es una hermosa fotografía de algún lugar de por allí, como de esos que me imagino que alguien de esta ciudad dura y gigante anhela. Es una Isla que queda encerrada cuando la marea se llena, está en un lugar cerca de Chonchi, al sur de Castro en Chiloé.
Toda mi vida he estado en lugares así. De hecho nací en el campo y pasé buena parte de mi niñez entre animales, pampas, árboles y los afanes que la vida que ahí se acarrea. He escuchado que hay gente que se siente complemanete sola en un campo, que les gusta el paisaje "pero un ratito no más". Yo no podría. Me encantan las noches en el campo. ¿Las han visto? Silentes de artificios. Escuchas croar sapos, cantar grillos, pájaros. El cielo es negro negro, y las estrellas se ven por millones. Cuando hay luna, puedes ver muy bien lo que hay cerca tuyo. Tus pupilas se abren como gato de monte y caminas como si fuera de día. En días de escarcha, la luna hace reflejar el pasto y se forma un paisaje que no te lo crees. En las noches de temporal, el viento y la lluvia golpean las ventanas (quizá por eso en Chiloé las ventanas son pequeñitas para que no se rompan con al ser azotadas). Sobre el techo, se golpea el agua y seguramente dentro de cada casa debe haber alguien sonriendo mientras todo ocurre. Es que casi todos alguna vez han dicho: "dormir con lluvia afuera, debe ser de las mejores cosas que tiene la vida".
El clima del sur es muy lluvioso. Eso mismo proyecta un suelo siempre lleno de verde. Allá no se riega el pasto, sino se lucha para que no salga hasta en las paredes. El musgo se adhiere a casi cualquier cosa, y si en un par de años no repasas una casa, se la va a terminar tragando la tierra con madera y todo. La lluvia, o su ausencia, provoca que casi todos los días sean distintos. Siempre existe ese vértigo al salir por saber si te alcanzará un chubasco o no. El cielo, siempre lleno de nubes, construye el paisaje. Nubes blancas, algodonadas, negras, cargadas de lluvia, altas, bajas, de todas las que puedas imaginar. Así, no sólo todos los días son distintos, sino que en un mismo día, las cosas también distintas son.
Ahora bien, dentro de todas las cosas hermosas que tiene el sur, yo tengo mi preferido: el mar. La extensión del horizonte, la contención de las aguas, la promoción de la vida, la expresión de lo inmenso, enamoran mi espíritu. Ninguna cosa hay más perfecta que el campo, el mar, y lo que entre ambos pueda ocurrir. Me enamoran los atardeceres en el mar. En el campo son lindos, pero en el mar son perfectos. El mar acompaña, baña una costa, traga tus lágrimas, y no tiene intención de moverse todavía de ahí.
La gracia del sur es que puedes mezclar como quieras. O campo con mar. O mar con volcanes. O volcanes con lago o lago con campo. Te mueves un poquito y ya aparece otra cosa. Yo creo que debió ser el medio lío a la hora de ponerle nombre a la Décima Región. ¡Es que tiene de todo! Menos una cosa: encierro.
Las fotografías las he tomado todas yo. Tengo un montón más acá. Y no quiero dejar de llenar mis días de imágenes así. Ya voy, sur querido. Apuesto que llego antes de lo que piensas.
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