Qué triste es enamorarme así, jerarquizando al pene y a la vagina, glorificándolos. Qué triste es menospreciar la mente, el corazón, el espíritu o la piel. Qué triste el subir en un altar al pene y a la vagina y echar de menos el resto del cuerpo. Qué triste clasificar a la humanidad en hombres y mujeres, que triste es evitar enamorarse porque ese o aquel individuo tiene el mismo genital que nosotros, que triste es la tecnosexualidad.
Qué triste es domesticar la pasiones salvajes, los deseos sexuales, encanto den enamoramiento, que triste es decirle al corazón que esta prohibido socialmente enamorarse de alguien que también tenga pene, como yo. Que triste cuando la Mentalidad Policiaca se reproduce también en Sexualidad Policiaca. Qué triste esa heterosexualidad obligatoria, que triste cuando un pene y una vagina son obligados al matrimonio, a fuerza de los arquetipos y demás construcciones sociales, que triste cuando la dominación se vuelve normal y se piensa que las cosas son así por naturaleza y ya.
¡Qué triste y que mierda!
Que mierda esta sociedad donde se exaltan los senos gigantes, las nalgas enormes y los penes largos, que mierda los que nunca ejercitan el cerebro, que mierda esos que tienen los músculos trabajados y las neuronas muertas, que mierda esta ciudad donde existan muchísimos más gimnasios que bibliotecas, muchísimas más televisiones que libros, muchísimas mas cervezas que pinturas, música o literatura de jóvenes.
Que mierda este sistema que dividió el campo y la ciudad, lo físico y lo intelectual, que dividió a la sociedad por géneros, que mierda cuando la expansión de la civilización no permite que los ecosistemas se desarrollen libremente, y la peor mierda es cuando el individuo asesina su propia naturaleza salvaje, cuando domestica a su mismo cuerpo, que mierda que a la tierra la cubran con cemento y al cuerpo le pongan etiquetas.
Mis genitales no definen mis placeres, mis genitales no deciden por mí. Yo reconstruyo mi cuerpo a mi imagen y semejanza, lo hago yo mismx, soy el protagonista de mis revueltas individuales, destruyo lo que me destruye.
Wild Poet.
Creo que nunca te he comentado una de tus columnas, ni siquiera en vivo y en directo. Es el momento, a pesar de estar frente a la pantalla y no mirándote. Creo que tu escrito revela exactamente lo que me cuestiono desde que tengo razón, desde que me pregunté por primera vez por qué no debía llorar al hacerme una herida cuando era pendejo (Los hombres no lloran, me decían). Todo ello desencadena cuestionamientos tan brigidos que, en algún momento reprimí por miedo al resto. Esos quienes le es más fácil apuntar que abrazar pa´dar cariño. Los que se conforman con capsulas de estados anímicos de plástico e inmediatos, como el feliz día del niño, dos horas viendo tetas, potos, calugas por dos horas con el pendejo sentado al lado (Al cual después nadie le habla de sexulidad, porque no es debido. Es muy chico dicen) y las hueas que conocemos y vemos como invaden cada espacio, dejándonos acorralados, como extraños en nuestra tierra. Cómo es posible, cómo. Pero basta, hueon. Ya no quiero preguntarme ninguna huea, ya me lo he preguntado todo, ahora es hora de intentarlo todo,y pico si no funciona; tendré la oportunidad, siempre, de intentarlo otra vez.
ResponderEliminar(No sé si lo anterior tiene relación a la columna, pero pico)
Eres hermoso, hueon.
y siempre, Gracias.
Daniel.