viernes, 10 de mayo de 2013

Hasta pronto.

Me voy. Sí, de tuiter me voy. No tomaré la actitud arribista de unxs cuántxs que dicen "no me tomo en serio tuiter" o "me tienen apestado con los cagüines" y luego lxs ves metido día a día en la red social. Pa mí tuiter no es una paja, o un espacio cualquiera. No tengo idea cuánto tiempo llevo, pero con quienes nos seguimos desde un comienzo hemos sabido vernos, conocernos, acompañarnos y, por lo menos de mi parte, abrirme tanto como quise y como pude.

Desde que me vine a Santiago las cosas cambiaron mucho en mi vida. Perdí la rutina cómoda que tenía en el Sur y me vi solo, en un lugar ajeno, estudiando algo que nunca había visto y acompañándome de gente cada día menos extraña. Retomé en esta nueva etapa un asunto existencial que había dejado sepultado hace unos años atrás y me vi perdido complemente. Estuve a pasos de comprar el pasaje al Salto Ángel y largarme para siempre, pero todo se puso mejor, mucho mejor. Respondí la duda existencial, abracé lo que soy y me gustó. Por eso sigo. Agradezco caleta las conversaciones de quienes estuvieron a mi lado. Cada experiencia, cada paja-mental en la que los metí. De verdad muchas gracias.

Ahora, ya con los pies en la tierra, quiero dar un siguiente paso: sanarme el alma, el espíritu, o la cosa que sea que me hace sentir. A nadie le ha tocado fácil y claramente a mí tampoco. Quiero enfrentarme a lo que viene con claridad, con todos mis sentidos en ello, con cada energía que un nuevo día me entregue. Quiero volver a sonreír porque sí. No depender de nadie, del cariño de nadie, de la atención de nadie. Han sido ya casi veintinueve años en que he cargado suficiente. Me harté del cansancio, de la puta B. Ya no me hace gracia. Necesito, quiero, debo y puedo avanzar. Es mi única certeza hoy.

Me salgo porque en tuiter me pierdo. Gasto mucho de mi tiempo leyéndolos y desahogándome. Posiblemente me sumerja un poquito más en la soledad y eso me duela, pero ninguna mierda es eterna. O no al menos para mí. Y, vamos, no significa que me muero: mi casa seguirá abierta, mi teléfono será el mismo y mis ganas de compartir también. Quiero dedicarme a la lectura, a caminar en vez de atraparme, a cervezas para conversar el día y no lo mal que supuestamente nos va en la vida.

Lxs dejo por un tiempo, no tengo idea cuánto, el suficiente no más. Que les vaya pulento. Dejaré la cuenta abierta hasta que ya no sea necesario.

Hasta pronto, mijitas, mijitos, amigos, amigas, hermanos, hermanas, tuiteros, tuiteras, gente.



10 comentarios:

  1. "lo más terrible se aprende enseguida, y lo hermoso nos cuesta la vida"

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  2. Oda a la envidia

    Yo vine
    del Sur, de la Frontera.
    La vida era lluviosa.
    Cuando llegué a Santiago
    me costó mucho cambiar de traje.
    Yo venía vestido
    de riguroso invierno.
    Flores de la intemperie
    me cubrían.
    Me desangré mudándome
    de casa.
    Todo estaba repleto,
    hasta el aire tenía
    olor a gente triste.
    En las pensiones
    se caía el papel
    de las paredes.
    Escribí, escribí sólo
    para no morirme.
    Y entonces
    apenas
    mis versos de muchacho
    desterrado
    ardieron
    en la calle
    me ladró Teodorico
    y me mordió Ruibarbo.
    Yo me hundí
    en el abismo
    de las casas más pobres,
    debajo de la cama,
    en la cocina,
    adentro del armario,
    donde nadie pudiera examinarme,
    escribí, escribí sólo
    para no morirme.

    Todo fue igual. Se irguieron
    amenazantes
    contra mi poesía,
    con ganchos, con cuchillos,
    con alicates negros.

    Crucé entonces
    los mares
    en el horror del clima
    que susurraba fiebre con los ríos,
    rodeado de violentos
    azafranes y dioses,
    me perdí en el tumulto
    de los tambores negros,
    en las emanaciones
    del crepúsculo,
    me sepulté y entonces
    escribí, escribí sólo
    para no morirme.

    Yo vivía tan lejos, era grave
    mi total abandono,
    pero aquí los caimanes
    afilaban
    sus dentelladas verdes.

    Regresé de mis viajes.
    Besé a todos,
    las mujeres, los hombres
    y los niños.
    Tuve partido, patria.
    Tuve estrella.

    Se colgó de mi brazo
    la alegría.
    Entonces en la noche,
    en el invierno,
    en los trenes, en medio
    del combate,
    junto al mar o las minas,
    en el desierto o junto
    a la que amaba
    o acosado, buscándome
    la policía,
    hice sencillos versos
    para todos los hombres
    y para no morirme.

    Y ahora,
    otra vez ahí están.
    Son insistentes
    como los gusanos,
    son invisibles
    como los ratones
    de un navío
    van navegando
    donde yo navego,
    me descuido y me muerden
    los zapatos,
    existen porque existo.
    Qué puedo hacer?
    Yo creo
    que seguiré cantando
    hasta morirme.
    No puedo en este punto
    hacerles concesiones.
    Puedo, si lo desean,
    regalarles
    una paquetería,
    comprarles un paraguas
    para que se protejan
    de la lluvia inclemente
    que conmigo llegó de la Frontera,
    puedo enseñarles a andar a caballo,
    o darles por lo menos
    la cola de mi perro,
    pero quiero que entiendan
    que no puedo
    amarrarme la boca
    para que ellos
    sustituyan mi canto.
    No es posible.
    No puedo.
    Con amor o tristeza,
    de madrugada fría,
    a las tres de la tarde,
    o en la noche,
    a toda hora,
    furioso, enamorado,
    en tren, en primavera,
    a oscuras saliendo
    de una boda,
    atravesando el bosque
    o en la oficina,
    a las tres de la tarde
    o en la noche,
    a toda hora,
    escribiré no sólo
    para no morirme,
    sino para ayudar
    a que otros vivan,
    porque parece que alguien
    necesita mi canto.
    Seré,
    seré implacable.
    Yo les pido que sostengan
    sin tregua el estandarte
    de la envidia.
    Me acostumbré a sus dientes.
    Me hacen falta.
    Pero quiero decirles
    que es verdad:
    me moriré algún día
    (no dejaré de darles
    esa satisfacción postrera),
    no hay duda,
    pero moriré cantando.
    Y estoy casi seguro,
    aunque no les agrade esta noticia,
    que seguirá
    mi canto
    más acá de la muerte,
    en medio
    de mi patria,
    será mi voz, la voz
    del fuego o de la lluvia
    o la voz de otros hombres,
    porque con lluvia o fuego quedó escrito
    que la simple
    poesía
    vive
    a pesar de todo,
    tiene una eternidad que no se asusta
    tiene tanta salud
    como una ordeñadora
    y en su sonrisa tanta dentadura
    como para arruinar las esperanzas
    de todos los reunidos
    roedores.


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    1. Qué belleza. Muchas gracias por compartirlo. No sé quién eres sí, me gustaría saber. Un abrazo.

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  3. bueno "mijito" lo importante es que sea feliz y que cada sonrisa sea inconciente y desde el alma y si en el camino aparece alguna "mijita" que comparta esa alegría inconciente mejor.

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  4. Jona, hace cuantos siglos que no hablamos?
    Pero bueno, da igual, tas super cambiado.

    Pero la vida no tiene compasión con nadie, así que lo comprendo.


    Cuídate.
    Usé esta vieja cuenta que no uso hace años para postear.

    Saludos.
    Marcelo.

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    1. Hola, Marcelo. Cómo estás? No estoy tan cambiado, hombre, hablo cosas algo distintas no más. Espero que ande todo bien contigo.

      Un abrazo.

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  5. Bah, si la gente habla cosas distintas, es porque cambian. O no? Bueno, que se yo :/

    Dentro de todo, estoy bien.

    Siempre es interesante leerte.
    Cuídate.



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  6. Jona, por qué estás fuera de la religión actualmente?
    Qué te hizo salir del cristianismo.

    Mi intención no es juzgarte por si acaso, pero me intriga
    leer un buen razonamiento xD


    Saludos.

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