Nací en una familia evangélica, una rama del protestantismo. Desde niño me vi inmerso en actividades que desde la iglesia eran propuestas. Asistí hasta los 25 años contra mi voluntad y por distintos factores a cultos evangélicos. Nunca me sentí cómodo. Un día decidí, en una cena familiar de navidad, comunicar que ya no asistiría más y que, en el marco de todo el respeto posible, se dejaran de joder.
Las razones por las que dejé de asistir son muchas. Sí, muchas. No había realmente nada coherente dentro del grupo de cristianos que me mantuviera por más tiempo allí. Pero de todas, la más fuerte, fue el machismo basado en el paradigma patriarcal de organización y trato. La mujer (qué hablar de homosexuales) era considerada una individua que nace desde una costilla del hombre para su propio goce. De hecho recuerdo perfectamente una de las canciones que me enseñaron de niño para cantarla en el culto dominical (el más masivo de la semana):
Y dijo Dios no es bueno
que el hombre quede solo
por eso como a todos
le haré una compañera ideal
le hizo caer un sueño
le sacó una costilla
gloriosa maravilla
le TRAJO una mujer.
La <trajo>, como un artefacto que se crea, desde él mismo hombre, para su goce y cuidado.
Traer a colación la serie de versículos contenidos en la Biblia que hablan del trato que el hombre hace a la mujer, de su rol dentro de la casa, de su rol en la iglesia, de su rol como siempre acompañante del varón, sería detenernos horas y horas con un ejemplo tras otro, cuál bofetada de loco; pero pediré nos detengamos un momento en el versículo que encabeza este escrito.
Mujer virtuosa, quién la hallará. Porque su estima sobrepasa largamente al de piedras preciosas.
Este texto era siempre puesto en las celebraciones para el día de la madre. Lo he visto pegado en muchos hogares cristianos en las paredes en forma de pergamino. Ha inspirado una serie de libros de lectura frecuente entre las mujeres cristianas de diferentes congregaciones. Y cada mujer que se enfrentaba a esa lectura, se contrastaba contra esa medida de santidad, vocación y dedicación.
La analogía con frases similares desde la sociedad grita por sí sola. Cuántas veces escuchamos para el día de la mujer frases pal bronce como A la mujer hay que amarla no más, La mujer es bella porque puede dar vida, La mujer nació para ser amada, La mujer delicada blablablá, como una suerte de artefacto que vino a parir y a ser admirada por su delicadeza y dedicación. De hecho, desde las mismas mujeres, camufladas como feministas, se pregonan tales brutalidades.
Mujer virtuosa, quién la hallará. Porque su estima sobrepasa largamente al de piedras preciosas
El corazón de su marido está en ella confiado, y no tendrá necesidad de despojo.
Le dará ella bien y no mal, todos los días de su vida
Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos.
Es como navío de mercader; trae su pan de lejos.
Se levanta aun de noche, y da comida a su familia, y ración a sus criadas.
Considera la heredad, y la compra; y planta viña del fruto de sus manos.
Ciñe de fortaleza sus lomos, y esfuerza sus brazos.
Ve que su ganancia es buena: Su lámpara no se apaga de noche.
Aplica su mano al huso, y sus manos toman la rueca.
Extiende su mano al pobre, y tiende su mano al menesteroso.
No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles.
Ella se hace tapices; de lino fino y púrpura es su vestido.
Conocido es su marido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra.
Hace telas y las vende; y provee de cintos al mercader.
Fuerza y honor son su vestidura; y se regocijará en el día postrero.
Abre su boca con sabiduría; y la ley de misericordia está en su lengua.
Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde.
Se levantan sus hijos, y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba.
Muchas mujeres han sido virtuosas; pero tú las sobrepasas a todas.
Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.
Dadle del fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos.
Se propone una mujer desde el cristianismo; una que será virtuosa de cumplir con todo el listado de requisitos santos que desde la Biblia emanan. Vaya mierda. La mujer ya no será válida si nace o se identifica como mujer. No: debe someterse, ajustarse, enfilarse, moldearse al modelo cristiano de sabiduría, decencia y santidad.
Por cierto, no he visto pergaminos del tipo de "hombre virtuoso". No, porque el hombre es válido desde que nace. No necesita demostrar. No necesita ponerse a parir, ser un hombre ejemplar ni cumplir con un listado de acciones que le validen.
En ese cristianismo supuestamente inocente se sostienen paradigmas patriarcales de trato social. Desde ese cristianismo se prohíben leyes reproductivas para la mujer y para hombres homosexuales. Bajo ese cristianismo se educan generaciones y generaciones de escolares en la sociedad actual. Sobre ese cristianismo deposito mi asco, mi rechazo, mi absoluta conciencia de que la mujer, como el hombre, nacen válidos, independiente de sus acciones, gustos, tendencias o pensamientos.
¡Basta!

No compite con los hombres porque ya entendió que no tiene que masculinizarse para adquirir cargos de poder. Ella entiende que si un hombre le abre la puerta, le coloca la silla, etc., sólo la conquista y permite ser contenida y protegida por ellos.
ResponderEliminarNo arranca de la maternidad, porque vive conectada con identidad más profunda de mujer y sabe que su reloj biológico avanza y puede cumplir lo mejor de sí misma si cubre todos los aspectos.
Cuida su cuerpo pero acepta sus imperfecciones con placer donde lo que la caracteriza es su gran sentido del humor para poder reírse ante todo de ella misma.
No arranca del dolor, dice cuando no está bien, cuando tiene pena, rabia, miedo y angustia y no juega al rol de la fuerte porque es capaz de expresar su ternura a todo el mundo.
Valora mucho el contacto con sus amigas a las que siente como hermanas de la vida con las que habla de sus cosas y se siente aliviada.