La odio. No sé cómo mierda pasó todo ésto, pero la odio. Odio su bondad y toda su maligna intención de hacerme sentir cómodo con ella. Odio sus esmeros, sus agasajos como si su vida estuviera siempre dispuesta para la mía. Odio que me llame amor, que me diga que soy el más lindo a pito de nada. Odio que nunca se enoje por algo que le moleste de mí, más allá de las clásicas hueás por las que le damos color las personas dentro de una relación. ¿Tanto le voy a gustar? Es que no le creo nada.
Y no le creo no porque no considere que sea sincera en su amor que odio, sino porque creo que no me quiere a mí realmente. Quiere todo el invento que se arma cuando está conmigo. Quiere que tengamos una casa. Me sale con la talla hueona de ir a casarnos. De que tendremos hijos y de que deje de hacerme el hueón con algo que va a llegar tarde que temprano. ¡Esas son las cosas que ama!
Hasta he sido un sacohueas, ¿saben? Un sacohueas, poh. Desatento cuando supe que no debí serlo. A propósito. A ver si me decía algo. Pero tampoco lo hizo. Debe pensar que así son las parejas. Debe conversar con sus amigas de mierda (que también odio) que los hombres somos así. Que somos idiotas de vez en cuando. Que también tenemos una regla. ¡Bichos de mierda! ¡Yo no quiero vivir con gente que crea esas cosas!
Y qué voy a hacer ahora. Estoy en los treinta años y llevo ni me acuerdo cuántos con ella (¡deben ser como siglos!). Conoce a mi mamá que habla a escondidas con ella de que cuándo formalizamos. Las dos serpientes de mierda hablando de un amor a la familia y a mí nadie me ama. Porque si dejo de parecer apto para casarse, entonces me patean al suelo y me tratan de maricón. De malo con una mujer que era decente. De que cuándo voy a sentar cabeza.
Miamor, te odio. No es tu culpa. Yo también estoy preso de toda esta mierda. Me gustaría tomarte de una manito y que no me digas nada y que nos vayamos a la gran chucha. Donde no querai estar conmigo porque te sirvo pa esto o pa lo otro, sino porque me querís no más; así, charchita pero honesto contigo, con lo que realmente NOS importa.
Ojalá te atropelle un auto o te enamorís de tu jefe. Yo sigo siendo un cobarde.
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